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Carlos A. Loprete Ensayos Cortos

LA CUARTA CAUSA

LA CUARTA CAUSA

De las cuatro causas que son necesarias para que algo exista, según el filósofo Aristóteles, tres son prácticamente admitidas por la generalidad de los maestros hasta nuestros días. En efecto, una estatua no puede existir sin una causa material (el mármol), una causa formal (la figura tallada) y una causa eficiente (el trabajo del escultor que labra el busto).

El problema discutido es el de la cuarta causa denominada causa final, en lenguaje técnico, o sea la finalidad que tiene dicha estatua (¿para qué?) Nadie, a menos que sea un obtuso, se negará a aceptar que la causa final de un reloj es dar la hora, así como la boca está hecha para hablar y para comer, el estómago para digerir, los oídos para oír y escuchar, las piernas para sostener el cuerpo humano y caminar.

Parece tan obvio esto, que el lector se preguntará a qué viene este artículo si desde hace dos mil quinientos años nadie ha puesto en duda esa verdad verdad. Con todo, el asunto no es tan sencillo. Algunos filósofos o parafílósofos tienen sus objeciones. ¿Cuál es la causa final de un océano? Para algunos que permita navegar a los navíos entre puerto y puerto conectando los continentes; para otros separarlos a fin de que a los pueblos les resulte más difícil hacerse la guerra. La disidencia se registra también en otros ejemplos. La nariz ha sido hecha para sostener los anteojos y los afroamericanos para jugar al básquetbol. Es absurdo pensar que los anteojos y los afroamericanos hayan sido creados para satisfacer una causa final antes que la nariz y el básquetbol hubieran sido creadas. Sería como afirmar que el hijo ha sido creado para que exista la madre, siendo que la cosa es al revés: la madre ha sido creada para que nazcan los hijos. De análoga manera podría afirmarse que los alimentos han sido creados para que el estómago sirva para algo o que las manos han sido creadas para que la espada se pueda utilizar. Un idiota, con idéntica lógica, diría que Dios fue creado para que el universo no se quedara sin autor.

Como este tipo de razonamiento podrían imaginarse incontables ejemplos: que los pueblos fueron hechos para que los gobernantes no se quedaran sin trabajo, o que el tiempo se creó para que los relojes tuvieran alguna justificación.

¿Cuál es entonces la causa final de cada cosa? Un filósofo francés propone que la causa final es válida cuando sus efectos ocurren en todo tiempo y lugar. ¿Y cómo saber cuando esta concordancia sucede? No se puede decir que los océanos han sido hechos para que los barcos tuvieran un lugar para navegar dado que no siempre ni en todas partes ha habido barcos. Es impensable que la naturaleza haya trabajado millones de años antes para ajustarse a la invención del barco cuando éste apareciera. Y si el navío no se inventaba habría que sostener la tesis de que la naturaleza era la estúpida.

De todos modos, estamos seguros de que los dedos no han sido hechos para poder colocar los anillos.

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