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Carlos A. Loprete Ensayos Cortos

ARGUMENTO PARA UNA NOVELA EXITOSA

ARGUMENTO PARA UNA  NOVELA EXITOSA

     En un momento de súbita inspiración, el dios griego del fuego y la fragua, Hefesto,  decidió forjar un Tornillo y su respectiva Tuerca que duraran juntos hasta el fin de los tiempos. En su herrería subterránea oculta en una isla griega rodeada de arrecifes  para que los dioses envidiosos  no le robaran la idea, cinceló con meticulosidad las estrías necesarias en ambos objetos. Cuando concluyó el trabajo lo festejó con una carcajada estentórea, contradiciendo su conocido malhumor. A través de varios siglos permanecieron unidos, hasta que se los robó un cazador de jabalíes disfrazado de pastor.

     La historia perdió el rastro del invento hasta que en el siglo XX reapareció en manos

 del industrial alemán Krupp que los compró a un desconocido para probar si sacaba de la  depresión a su esposa hastiada de los obsequios de brillantes y esmeraldas. Como no consiguió curarla, regaló Tornillo y Tuerca a la médium francesa Prosapia para que los utilizara como anillo mágico en sus sesiones de espiritismo en París. La espiritista pretendió regalarlos al Judío Errante, Ahasverus, con la condición de llevarlos colgados  del cuello como amuleto hasta el fin de los tiempos dada su condición de inmortal. Pero el Judío Errante se negó a aceptar el regalo pues temía otro castigo después de haber sido condenado vagar sin término por haberse burlado de Jesús en el vía crucis del Calvario.

    Enfurecida por este rechazo, arrojó Tornillo y Tuerca por la ventana, que entraron por el parabrisas de un automóvil y fueron a dar en la cabeza de un monje budista japonés, de paseo por la ciudad. El conductor creyó que se trataba de un antepasado transmigrado hasta su purificación final, lo colocó en un altar doméstico debajo de una campana de cristal y se dedicó a adorarlo.      

     Pasados algunos años de veneración en veneración, un día un viento colado por la  rendija de una ventana arrancó una chispa del sahumerio y la casa se incendió, con monje y Tornillo y Tuerca  adentro. Del monje no se sabe si fue a parar a otra reencarnación o al nirvana, pero del Tornillo y anexo consta que de entre los restos del incendio fue encontrado por un bombero que lo escamoteó y lo vendió al conde de Saint Germain, que se decía inmortal también como Ahasverus. El nuevo propietario, desilusionado por la insignificancia arqueológica del objeto, pensó que lo más apropiado para seguir viviendo sin trabajar era vendérselo a un arqueólogo millonario y entró en tratos con Howard Carter, descubridor de la tumba de Tutankhamón, quien pagó  diez mil libras esterlinas convencido de que se trataba de uno de los clavos de la Crucifixión. Quince meses después, amargado por su fracaso, fue a dar en el loquero de la Salpetrière, colgado por los hombros de una armazón para enfermos peligrosos. El Tornillo, por su parte, desapareció en un cajón de basura de Brooklin.

     Enterado por sus espías el presidente norteamericano Harry S. Truman de la fabulosa existencia del Tornillo y la Tuerca, y sumamente sensibilizado por el ataque japonés a Pearl Harbor, ordenó a los agentes de la CIA, que acababa de fundar, que rastrearan por el mundo a ambos adminículos, sospechados de constituir un arma secreta. Los agentes encontraron al Tornillo y lo enterraron en una caja de seguridad contra bombardeos atómicos en Fort Knox, pese a la opinión del físico Julius R. Oppenheimer, quien advirtió sobre posibles irradiaciones. Sin embargo, pese a la teórica inviolabilidad del reducto, el Tornillo despareció.

     Mientras tanto Prosapia era consultada por el dictador venezolano de turno acerca de su futura presidencia del país. Entró en familiaridad con él, lo hizo participar en sus habituales aquelarres de los sábados a medianoche, lo emborrachó, lo despojó de la clave de su cuenta secreta en un Citibank de Suiza y lo hizo asesinar una noche por la Mafia en el casino de Montecarlo. La CIA norteamericana calificó de secreto el destino del Tornillo y nadie supo desde entonces dónde se encontraba. Las cadenas televisivas ABC y CNN, contrataron al agente secreto 007 quien fracasó en sus intentos. En nuestros días dos ciudades se disputan el privilegio de tenerlo en su país, como los restos de Colón reclamados por Sevilla y  Santo Domingo. Las dos ciudades, Miami y Hong Kong, falsificaron el conjunto y lo tienen en exhibición en sendos templetes para incrementar el atractivo turístico.                                                                

     El Judío Errante mantuvo también en reserva la posesión de la Tuerca, pero en un viaje de recreo el avión en que viajaba sufrió una descompresión y debió descender en la isla de Haití. La policía secreta, al revisar a los viajeros en el aeropuerto, encontró a la Tuerca dentro de una bolsita de paño pendiente del cuello y se la quitó. El oficial encargado de la operación se la cambió al sacerdote vudú Damballach por un gallo ritual, quien la colocó en un vaso de cristal, entre borras de café, harina y polvo de ladrillo, y la bautizó con el nombre de Adum para que le rindieran culto. De esta forma, el Tornillo y la Tuerca  se desvanecieron en las brumas de la historia y el sueño de Hefesto no se pudo consumar.

     En Buenos Aires, la capital mundial de las conferencias y las declaraciones, el gobierno  encontró un motivo para organizar la Dirección Nacional por la Recuperación del Patrimonio de Hefesto y ocuparse del tema. No se tienen noticias de sus investigaciones, pero la sociedad estima que sin arqueólogos ni anticuarios ni historiadores, el misterio subsistirá. El Tornillo y la Tuerca permanecerán separados hasta el fin de los tiempos.

     Este argumento para una novela exitosa puede enriquecerse, detalles más, detalles menos, mediante múltiples variantes, sin necesidad de pedir permiso al gobierno de Grecia. Puede, por ejemplo, transformarse en una alegoría del matrimonio moderno denominado pareja, en la que los cónyuges una vez juntos se separan a los seis meses. Otra variante podría ser un elogios del nihilismo (no existe nada bueno ni malo).

     Si el editor considera que a este proyecto le faltan escenas de sexo y de violencia para asegurarse el éxito, el argumento podría enriquecerse  con supuestos amores íntimos entre Prosapia y un sha de Persia, a la que se presta fácilmente la biografía de la médium satánica. En cuanto a los episodios de terror y violencia, pueden incorporarse incidentes de la guerra entre los tutsi y los huti de Rwanda y Burundi, maestros en las artes de matar con salvajismo.

     Pero si aun con estos aditamentos la novela no resultara satisfactoria al editor, podría utilizarse como tema para una película de Hollywood, siempre que se incluyera en el argumento a Superman y al Hombre Araña. Pero habría que apresurarse, no sea que a un cineasta español se le ocurra plagiar este argumento y agregarle unas escenas dialogadas entre Hefesto y el gaucho Martín Fierro para ganar un Latin American Award, según la benévola complacencia de los tribunales norteamericanos.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     

    

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