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Carlos A. Loprete Ensayos Cortos

TERCERIZACIÓN DE VIRTUDES

TERCERIZACIÓN DE VIRTUDES

     Tercerizar es transferir una obligación personal a otra persona, un tercero como se dice, que se ocupa de cumplirla por cuenta nuestra. La palabra no está registrada todavía en el diccionario de la Real Academia, pero probablemente lo estará cuando la docta corporación salga de su valetudinario letargo. Mientras tanto, como necesito de esa palabra para mis propósitos,  la empleo bajo mi responsabilidad. Un ejemplo histórico sucedido en Ecuador me servirá de apoyo. Cuenta la tradición que en dicho país, al establecerse el servicio militar obligatorio, la ley admitió que quien no quisiera o pudiera cumplirlo, podía designar a una tercera persona para que lo realizara en su nombre y representación. Conclusión, los ciudadanos ricos pagaban a un indígena o un mestizo pobre para esta función. ¿Por qué un ecuatoriano pudiente tendría que internarse en la selva, soportar picaduras de insectos y víboras, ahogarse en pantanos y ríos, recibir flechazos en su cuerpo, arrastrarse por el suelo horas y horas, beber agua impura y alimentarse de miserables viandas? Por unas pocas monedas lo hacían los pobres tercerizados. Espero no haber ofendido a los ecuatorianos actuales, por cuanto la costumbre ha desaparecido ya.

      Con su disculpa, explicaré la idea, que se me ha ocurrido pero que no comparto. Los mandamientos de la Iglesia Católica son muy conocidos y resultaría  insistente repetirlos: amar a Dios con todo el corazón y al  prójimo como a uno mismo, no matar,  no cometer adulterio, no robar, no levantar falso testimonio contra el prójimo, no desear la mujer del prójimo, no codiciar los bienes ajenos. Según la doctrina católica, el hombre de este mundo, por efectos del pecado original, no puede cumplirlos por sí solo y debe recurrir en su ayuda a Dios mismo, quien lo asiste con su gracia y así lo apoya.

     Cualquiera que se sienta católico ha tenido experiencias personales suficientes como para darse cuenta de la inmensa dificultad que tiene para satisfacer estos mandamientos. No matar es fácil, hay pocos hombres asesinos y también muy pocos desean hacerlo. Amar al prójimo como a uno mismo quizás sea uno de los más difíciles de satisfacer. ¿Amar a una persona que pasa cerca de mí y desconozco más que a mí mismo? No mentir: ¿qué hago con un familiar moribundo que me pregunta cómo está de salud? Amar a Dios por sobre todas las cosas. ¡Qué gracia! Si no se es ateo, es el mandamiento más liviano y venturoso de cumplir. Amar al Creador y rey de todo lo creado es el mejor negocio del mundo.

      Pues bien, como las virtudes son dificultosas de practicar, un "sustituto" se encarga de cumplirla. Donde un candidato político es requerido de mostrar sabiduría, saca a relucir su sustituto, y asunto concluido. Exactamente igual al soldado sustituto pagado en Ecuador. En el recorrido intelectual por el asunto, he llegado a comprobar que cada tanto aparece un tercerizador o sustituto que se declara culpable de un crimen o asesinato a cambio de una paga.

     Un incorregible tercerizador político quiso aplicar mi teoría a los asuntos religiosos y se topó de narices con la oposición del Vaticano. El individuo no era, naturalmente, creyente, pero cuando quiso obtener una representación diplomática, se encontró con la más rotunda negación de la Sede Pontificia. Intentó presentar un tercerizador  devotísimo pero las autoridades eclesiásticas no se lo admitieron:

     - Pero yo seré el diplomático y no intervendré en ningún asunto. En nombre mío lo hará mi tercerizador católico, monseñor -argumentó el diplomático.

     - Imposible  -respondió el prelado-. En esta Iglesia no hay sustitutos.

     - Pero mire bien, monseñor, se trata de un tercero con olor a santidad.

     - Lo siento, pero no puede ser. Si como usted dice es católico de primera agua, no se prestará a mentir. La sustitución es una forma de la mentira.

     - Pero mi gobierno necesita que yo sea su diplomático.

     - Así podrá ser para su gobierno, pero para la Iglesia, no. No existe en nuestra iglesia

  sustitución de vicios y virtudes. Ni Su Santidad podría tercerizar su situación.

 -¿Y entonces?

 - Entonces su gobierno debe designar otro diplomático.

 - No lo hará, no tenemos otro tercerizador en el Partido.

 - En tal caso, pregúntele al único que tienen si está dispuesto a tercerizarlo a usted en el otro mundo.

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