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Carlos A. Loprete Ensayos Cortos

MONUMENTO A DON NADIE

MONUMENTO A DON NADIE

 

     Dado que todos somos iguales en derechos, según lo expresan las leyes, yo reclamo para mí un monumento en una plaza pública. Los nombres de otras personas lucen en la actualidad en una calle, a una avenida, un riacho, un puente o un estadio deportivo. Pues bien, yo reclamo que se ponga mi nombre a una plaza pública.

     - ¿Y cómo se llama usted, si se puede saber?

     - Cachilo.

     - Pero ése no es un nombre de persona.

     - ¿Cómo que no? Pregunte por ese nombre y se convencerá.

     - Bueno, vayamos por partes. ¿Dónde nació usted?

     - ¿Y cómo quiere que lo sepa? Nadie lo sabe al nacer; se lo dicen los demás cuando uno es grande.

     - ¿En qué trabaja ?

     - Ahora recojo cartón en las calles y preparo bolsas de piedras para los piquetes del gobierno.

     - ¿Y antes?

     - Barría la plaza Tres Banderas para la municipalidad por las mañanas, y por las tardes pedía ropa usada de puerta en puerta para revenderla en las ferias populares.

     - Comprendo, con esos antecedentes tiene derecho a ponerle su nombre a una plaza., aunque lamentablemente ya tienen nombre asignado todas las de la ciudad. Nos quedan disponibles algunas plazoletas. Elija cuál prefiere. Aquí tiene la lista.

     Cachilo recorrió la serie de pe a pa y eligió una en la intersección de tres avenidas.

      - Elijo ésta –dijo-. Queda cerca de mi casa.

      - Por lo que veo, no tiene mal gusto, mi amigo. Es la mejor de las disponibles, pero tiene una condición: hay que pagar una comisión a la intendencia por el mantenimiento. El 50% de lo que se recaude en la alcancía que se colocará en el lugar.

     - ¿Y el otro 50 %?

     - Es para la caja del partido que administra el señor intendente.

     -¿Y nada para mí? Al fin de cuentas yo soy el que le doy mi nombre.

     - No mezclemos los porotos, mi buen amigo. Somos nosotros los que le adjudicamos la plazoleta, y debiera estarnos muy agradecido por eso. Usted no aporta ni el nombre, porque eso de Cachilo no sirve para nada. ¿Se imagina una plazoleta llamada Don Cachilo? La gente no sabría de quién se trata y se reiría de nosotros y del partido. Si al menos se llamara Mandrake  o Batman algo podríamos hacer, pero no es su caso.

     -¿No tiene algún otro antecedente que pueda servirnos, como por ejemplo concejal, ministro, diputado o senador?

     - Empleos como ésos, no, pero he trabajado para el partido como pegador de carteles, tamborilero, trepador de empalizadas, repartidor de vino y salchichas en las manifestaciones, tocador de bombos y cosas por el estilo.          

     - ¿No escribió grafitti en las paredes?

     - No, no sé leer ni escribir.

     - Está bien, eso no tiene importancia. Firme aquí su pedido y nosotros nos encargaremos. Le asignamos la plazoleta elegida.

     - ¿Y pondrán una estatua mía?

     - No puedo asegurarle nada, esas asignaciones las hace el gobernador. Pero desde ya le garantizo por lo menos una placa de bronce.

     - ¿Me llamarán para el acto de inauguración? Me gustaría estar presente.

     - Si no puede decir un discurso, tendrá que estar de incógnito. Buscaremos alguien que lo haga en representación suya.

     La inauguración del monumento reunió a militantes y activistas transportados en camiones desde varias intendencias vecinas. Cachilo, escondido entre la multitud, presenció la ceremonia en silencio. Una vez que todos se hubieron retirado, Cachilo se acercó y leyó en una placa adherida a un monolito:

     “En memoria de Don Nadie, nuestro más humilde seguidor. Si hubiera vivido más tiempo, habría llegado a Embajador ante la Santa Sede.”      

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