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Carlos A. Loprete Ensayos Cortos

UNA VEZ DINOSAURIO

 

 

     En inglés se dice “Una vez dinosaurio, siempre dinosaurio”, y en castellano “Genio y figura hasta la sepultura.” ¿No lo entiende, verdad? Yo tampoco lo entendería si no me hubiera preocupado un poco por la ciencia de las palabras. Se lo explico. Si al traducir una expresión idiomática de una lengua a otra el escritor se atiene estrictamente al texto, al pie de la letra como se dice, la versión castellana de la frase Once dinosaur, ever dinosaur sería la primera, pero si se atiene al significado sería la segunda. Alguien podrá alegar que la castellana no reproduce las mismas palabras de la inglesa, y eso es cierto. Pero otro con no menos razón podrá argumentar que lo que importa no son la traducción de los términos uno por uno sino la signifcación de la expresión, y también su criterio será válido ¿Y  cuál es el sentido de ambas traducciones? Simplemente que una persona es portador a través de su existencia de ciertos rasgos de su personalidad  que no se pueden modificar.

     Si nos trasladamos a la psicología en procura de un esclarecimiento, nos encontraremos con que algunos psicólogos consideran a la personalidad como una evolución en la que confluyen factores biológicos (constitución física, temperamento, sexo, sistema de glándulas internas) y factores relacionales derivados de la inserción del individuo en grupos sociales (familia, clase, profesión, cultura, partido político, religión, etc.). Otros psicólogos, en cambio, sostienen que tradicionalmente la personalidad ha sido interpretada  como una categoría estable pero que en la actualidad se la considera como una categoría variable, que sin embargo no destruye el vínculo unificador de la persona, porque en tal caso provocaría una incoherencia en la conducta y una contradición en su comportamiento social y en su pensamiento que lo convertirían en un individuo imprevisible. O sea, ambas versiones del dinosaurio son inciertas. Afuera con los refranes, las máximas, las sentencias, lo mismo sean inglesas que españolas, o de la lengua que se le ocurra.  

     Después de esta fatigosa disquisición, es justo que le regale algunos ejemplos de lo que ha sucedido con las traducciones de nuestro Martín Fierro.

Aquí me pongo a cantar                                         Incomincio qui a cantare

  al compás de la viguela...                       pizzicando la mandola...

 

 Ici je m’mets a chanter                                    I sit me here to sing my song

 aux accords de ma guitarre...                           To the beat of my old guitar...

 

           Nadie pondría en duda la erudición argentinista y la finura literaria de los traductores Folco Testena, Paul Verdevoye y Walter Owen, respectivamente, pero tampoco creo que alguien se arriesgara a sostener que sus versiones respiran aire argentino. Reaparece otra vez el problema del dinosaurio, sin psicólogo, sociólogo o antropólogo que nos ayude. 

     Para no ser excesivo, un segundo ejemplo basta:

Al que nace barrigón                                 A chi e nato col pancione

  es al ñudo que lo fajen.                              vano e volerlo fasciare.

 

  C’est en vain que l’on  ceinture           “Pot-belly born, puts belts to scorn”,

   cui qu’est ventru de naissance.                         The good old saying goes.

 

        

 En estos versos, Testena y Verdevoye no contaron con un refrán italiano ni francés para su traducción, pero Owen tuvo más fortuna porque se encontró con uno inglés que dice textualmente “el nacido con vientre de olla, se pone cinturones por desdén.” 

 

 

 

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