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Carlos A. Loprete Ensayos Cortos

RELACIÓN DE UN INDÍGENA ANÓNIMO

RELACIÓN DE UN INDÍGENA ANÓNIMO

Nos reunimos esa noche para discutir cómo nos habíamos de entregar a los invasores. Esto lo hicimos con nuestros caciques y demás capitanes del pueblo. Discutimos los tributos que tendríamos que pagarles a los invasores. Escuchamos las opiniones de los viejos y de los jóvenes. Los ancianos opinaron que habíamos sido derrotados y lo más conveniente era arrojar nuestro oro, nuestras armas e insignias al fondo del río y pagar la derrota con el trabajo personal. Morir era más penoso que ser dominados.

De pronto, un joven indígena, jefe de soldados, se pone de pie y hace sentir su voz estentórea:

-Los españoles nos piden oro, nuestros dioses necesitan nuestra sangre para alimentarse.

Levanta en su mano derecha el escudo y en su izquierda el arco y las flechas, al tiempo que atruena el silencio de la noche con un alarido de guerra. Se ponen de pie otros dos jefes, enseguida otros seis y por fin todo el pueblo.

-Va a entregar su sangre a los dioses -dicen los indígenas entre llantos.

Con el sol desembarcaron los españoles, lo tomaron prisionero, le ataron las manos, lo pusieron frente a los arcabuceros y dispararon por sobre las cabezas de los indios sin tocar a nadie. Únicamente disparaban para asustarlos después del ataque del día anterior. Los proyectiles pasaban por sobre los flecheros arrodillados que no se movieron. Yo no vi flechas porque estaba detrás de un árbol, pero éste fue el modo como terminó nuestro pueblo.

Otros dicen que los extranjeros no tomaron al joven cacique, quien se entregó para que no murieran los indios. Así terminó nuestro pueblo, así fue el final de nuestro reino.

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