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LAS DOS FRUTAS DE LA DISCORDIA:

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                    LA MANZANA Y LA BANANA

 

          Hasta este nuevo siglo, dos son las frutas que han dividido a la humanidad.  La primera, la manzana de origen bíblico, con la cual Lucifer o Satanás engañó a Eva y la sedujo a desobedecer al Creador y probar el fruto prohibido para conocer así la sabiduría divina.

Con una manzana oro que puso en el suelo la diosa de la Discordia en una reunión de todos los dioses indicando que debería pertenecer a la más bella de las tres diosas, Atenea, Hera y Afrodita, se recurrió a Paris, quien otorgó la manzana a Afrodita. Este juicio se mantuvo vigente por mucho tiempo y se lo recuerda como "el juicio de Paris." El caso es que la manzana ha sido en la historia la fruta de la primera gran disputa frutal.

     La banana, por su lado, es la fruta de la segunda gran disputa. El lector ha de saber, antes de comenzar la lectura, que la palabra "banana" es un vocablo oriundo de América, o sea que es un americanismo usado en varios países de este hemisferio en reemplazo de "plátano", que es el vocablo registrado por la Real Academia Española.                            

Sobre él se ha formado la expresión "república bananera", tan llevada y traída en el lenguaje político de nuestros tiempos.

     La banana hace su aparición en la civilización con una compañía comercial llamada United Fruit Company, surgida en América Central en 1899 y disuelta en 1970. Los centroamericanos de los países donde operaba la llamaban La Frutera, El Pulpo o,  dicho en forma sarcástica y dialectal, Mamita Yunai. A diferencia de la manzana, motivo de discordia entre dioses, la banana fue motivo de discordia entre hombres.

       No dispongo de espacio ni de tiempo para describir en detalle las técnicas operativas de esta compañía, modelo de "bananería", razón por la cual me limitaré a una síntesis sucinta. La tan discutida United Fruit Company fue creada por el empresario Minor C.Keith, estadounidense, casado con la hija de un determinado presidente centroamericano. Tanta fue su influencia y poder en la región, que el público lo llamaba "The Uncrowded King of  Central América" (El rey no coronado de Centro América). Entre sus hazañas la historia enumera las siguientes: sobornaba a líderes locales; compraba en los países tierras vecinas a sus establecimientos y las mantenía sin cultivar con  el pretexto de las sequías y huracanes, para evitar el establecimiento de empresas competidoras y la baja de los precios por superproducción); sobornaba a los gobernantes para pagar impuestos bajos; sin contar con la lucha sangrienta contra los campesinos rebeldes. Su actividad industrial y comercial se especializó en las bananas, y marginalmente, en las piñas (ananás).Al cerrarse la United  Fruit Company, míster Keith fundó una nueva compañía que perdura hasta nuestros días y que el público puede reconocer en las bananas identificadas con una estampilla pegada en la cáscara con la marca  ***.

     La bibliografía sobre la citada empresa registra cientos de artículos y volúmenes que el lector curioso puede encontrar si se lo propone, unos a favor, otros en contra de la empresa.

     No pretendo incursionar en recomendaciones sobre si comprar o no comprar bananas con esa estampillada pegada en su cubierta, porque no tengo antecedentes para presentarme como asesor comercial, económico y político. No obstante esta carencia, me atrevo a razonar que en la controversia entre la manzana y la banana, los antiguos  estaban en mejor situación, porque el problema era una disputa entre dioses, en cambio en la controversia sobre la banana la discordia ocurre entre nosotros los humanos.         

     Míster Keith  vivió en este mundo desde 1948 hasta 1929, pero su bananerismo ha sobrevivido hasta nuestros días. Un rumor sin confirmar en su época, sostenía que en su vida privada no comía bananas puesto que  prefería las manzanas. Dejo así aclarado el tema de las "repúblicas bananeras", aunque con una duda capital: ¿debe o no comer bananas un opositor a este sistema político?

10/03/2010 18:07 Carlos A. Loprete #. sin tema

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