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CARTA ABIERTA AL MUNDO

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     No me recrimine por anticipado el lector suponiendo que trato de escribir una carta válida para los 6.000 millones de personas que componen este mundo. Semejante intención le haría pensar que estoy inmerso en un desequilibrio mental, cosa que es errónea. Ésta es una carta abierta para aquellos de los 6.000 millones que deseen leerla y nada más, como una carta abierta a los argentinos estaría disponible para aquellos de los 40 millones de argentinos existentes en la actualidad que desearan leerla.  

     Algunas personas habrán intentado saber en algún momento cuántas verdades científicas son necesarias para vivir. Espero no defraudarlas si les digo que ninguna, como ha sucedido ya con los hombres prehistóricos. Vivir se vive siempre después de nacido, con razones o sin ellas, hasta el instante de morirse. Y no solamente eso, sino que todavía en nuestros tiempos caminan por este planeta individuos que beben el agua en el cuenco de sus manos, no conocen la cuchara y queman alimentos en la tierra para que sus dioses no se mueran de hambre. En tales condiciones, no conocen la escritura y mucho meros los diccionarios.

    No ha pedido el Creador nuestro consentimiento para instalarnos en el planeta, o sea que estamos aquí por voluntad ajena. ¿Dónde estábamos, pues, antes? ¿Estábamos ya hechos a la espera del turno para venir o nos iban creando a medida que nos enviaban? ¿Por qué razón nacimos en un país y no en otro? Yo podría haber sido francés, indochino o de cualquier otra nacionalidad, pero resulta que soy de la que me eligieron.

     Una vez en este planeta comenzamos a llorar cuando necesitábamos alimentarnos o cuando nos dolía alguna parte de cuerpo, sin tener conciencia de nada de esto. Un día nos dimos cuenta de que éramos una cosa distinta de las demás personas y objetos, iniciando así nuestra vida independiente. En la edad adulta, cuando rememoramos esos días infantiles, nos llama la atención las cosas que hacía ese niño que éramos y hasta lo vemos como un extraño a nosotros. Pero ese niño que fuimos es el mismo adulto que hoy somos, y lo sabemos sin necesidad de consultarlo a un psicólogo.  Pensamos lo mal que estuvimos cuando le pegamos a nuestra compañerita o nos negamos a cantar en el aula de música. Hoy no lo haríamos. ¿Qué pasará entonces con esas travesuras que cometimos? ¿Tendremos que pagarlas alguna vez?  Y en esa alternativa, ¿cómo la pagaríamos? ¿Con fuego, con azufre, con pinchazos de  horquillas, en una olla de agua hirviente, enterrados con medio cuerpo como los árboles? Un religioso con olor a santidad sostiene que el Infierno existe y no está vacío.

     Pero también podría ser que fuéramos premiados. ¿Con qué o en qué? ¿Con un jardín de flores, con una resurrección en este mundo, con una disolución en el dios mismo o nirvana? Un católico confiaría en que sería con un mundo jamás visto por ojo humano alguno: “Lo que el ojo no vio, ni el oído oyó, ni se le antojó al corazón del hombre, eso preparó Dios para los que le aman” (San Pablo, en 1 Corintios 2, 9). Esta promesa parece ser más razonable, puesto que la inteligencia del ser humano de ninguna manera puede ser comparable a la de Dios.

     A continuación viene el asunto del día y hora en que ocurrirá mi tránsito a ese mundo que no podemos imaginar. Tampoco puede saberlo ningún hombre, porque las predicciones, vaticinios y conjeturas no son creíbles. El futuro no puede conocerse precisamente porque no ha sucedido todavía. Y aun en el hipotético caso de que pudiera conocerse, ¿quiénes se animarían a querer conocerlo? ¿Cómo se podría vivir esperando ese momento? ¿Qué haríamos sabiendo que faltan dos días, o media hora o un segundo? Probablemente haríamos algo distinto de lo que estamos haciendo. ¿Cómo será nuestra muerte? ¿Me asesinarán, me caerá una teja en la cabeza, me envenenarán con una comida, me suicidaré de miedo?

     Entramos ahora en el más controvertido tema de nuestra existencia: qué hacer entre uno y otro extremo de la vida terrestre. Puede resumirse en una nueva pregunta de la filosofía: ¿qué hago mientras tanto en ese mundo? Las propuestas que nos llegan desde afuera de nosotros son múltiples, pero creo que la más repetida de las respuestas sería “quiero ser feliz”, vale decir, no tener dolores, no tener hambre ni sed, estar contento con lo que se tiene y con lo que se hace, ser libre para optar por lo que deseo, no soportar tiranía política, disponer a mi gusto de mi tiempo, estar alegre, no presenciar actos crueles u horrorosos y así un sinfín de apetencias.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           

     Para los antiguos filósofos griegos la felicidad era el fin último y supremo bien del hombre, lo que constituía su verdadero sentido de la vida. Se la llamaba eudaimonía, es decir, la felicidad, la prosperidad, la riqueza, la abundancia de bienes. El daímon era para los griegos un especie de fantasma, espíritu o genio que acompañaba al hombre. Todos los hombres tienden a la felicidad, pero no todos están de acuerdo en cuanto a decir qué es ni cómo puede lograrse. No hay una felicidad única como tampoco hay un amor solamente. Cada cual debe forjar la clase de felicidad personal que desea.

     La felicidad puede consistir en el goce de un cuerpo sano, en la posesión de bienes materiales, en la acumulación de conocimientos, en extasiarse con experiencias religiosas, en llevar una vida virtuosa, en el ejercicio de la docencia, en poder dedicarse al arte o a una vocación y así en una inagotable serie de preferencias. Para el filósofo Kant la felicidad consiste en “estar contento con la propia existencia.” Hasta podría  suceder paradójicamente que un hombre se sienta feliz en poder hacer el mal, como sucede con el enemigo maligno.  

     Todo esto en el mundo natural, porque si se trasciende de este mundo histórico a otro mundo sobrenatural se da entrada a otro concepto de la felicidad, consistente en la visión beatífica de Dios.

     Todo, en definitiva, se reduce a llenar el tiempo que corre desde el nacimiento hasta la muerte. Es un derecho natural del ser humano decidir qué hacer en ese tiempo, vale decir, es un derecho suyo propio y no concedido como favor por otra persona. Puede hacer lo que le plazca, a condición de no dañar a nadie ni estorbarlo en el ejercicio de su derecho.  ¿Le gusta jugar al ajedrez? Juéguelo sin pedir autorización, pero no arroje las piezas a la cabeza de su adversario. ¿Prefiere dedicarse a la cría de leones? Dedíquese, pero cerciórese de que no muerdan a su vecino. 

 

Carlos A. Loprete: falleció el 04 de Diciembre del 2010

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04/12/2010 18:54 Carlos A. Loprete #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

TÉ CHINO

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Hay muchas cosas que las personas no saben y debieran saberlas, como ser las ventajas que tiene el té chino sobre los demás del mundo. Al menos eso se dice aunque nadie haya podido demostrarlo, y mucho menos yo, que no acabo nunca de contar las cosas que no sé. Pero no me preocupa en lo más mínimo esta deficiencia porque otros más deficientes que yo –deficientes totales- viven cómodos en su ignorancia porque ni siquiera saben que son ignorantes.       

     A mí tampoco me importó nunca el tema del té, pero por hacerle un favor a un amigo consagré unos días de los pocos que tengo disponibles para vivir, a la investigación de esa planta y su correspondiente infusión. Lo escribí y se lo entregué, hasta que me vino en mente la idea de difundirlo para que se informen otras personas.

     Para principiar, debo decir que la historia del té comienza hace unos 2.500 años, sin lugar preciso de nacimiento, pues bien podría haber sido China continental, Taiwán, Nepal, Kenia o Japón. Lo cierto es que el té chino es el más famoso en nuestros tiempos, haya nacido o no en algunos de esos países. Con él ha sucedido algo similar a la piedra china, que la opinión pública cree que sirve para raspar los callos mejor que cualquier otra piedra del mundo. Se considera que el té es una bebida estimulante o alimentaria, preferida en Oriente al café, y en su historia ha pasado al Occidente. Pero esta peregrinación terráquea ha provocado interesantes fenómenos históricos. Me atrevería a afirmar que los dos sucesos más curiosos ocurrieron en Japón e Inglaterra.

     El té fue a lo largo de los siglos –y sigue siéndolo-, té blanco, té negro, té rojo, té verde, según sea el proceso de preparación. Explicaré a continuación dos de los fenómenos culturales más típicos de esta infusión, uno oriental y otro occidental, para no despertar sospechas sobre mi imparcialidad.

     El oriental es la ceremonia del té en Japón. Dicha ceremonia únicamente puede ser aprovechada si el concurrente tiene conocimientos previos de kimonos, caligrafía, arreglos florales, cerámica e incienso, porque de no ser así, no le aprovechará la concurrencia. Si no lo invitan particularmente los administradores de los locales, las bellas japonesitas que lo practican se limitarán a cumplir con las funciones asignadas. El ritual dura cuatro horas y en ella le sirven té verde en vasitos de porcelana. El concurrente debe saber apreciar la armonía de los kimonos, el diferente sabor de la infusión en un recipiente de porcelana, el aroma espiritualizador del incienso quemado, la belleza de los arreglos de la sala y el efecto estético de la caligrafía pintada en muros y demás sitios. Si no está capacitado para apreciar estos matices, el equipo de actuantes lo considerará un turista intruso, lo dejará sin su fajo de dólares y lo dejará librado a su ignorancia.

     La ceremonia más famosa del té en Occidente es la inglesa, conocida como five o’clock tea, que no se realiza a las cinco de la tarde sino a las cuatro, vaya uno a saber porqué. Las damas anfitrionas preparan té en hojas o hebras, arrojadas en agua al primer hervor y lo sirven en vasos de porcelana evitando todo contacto con metales para no contaminar la infusión. Una vez servido puede valerse el huésped de la cucharita, poniendo sumo cuidado en no chuparla, signo demostrativo de muy baja condición cultural penada con la expulsión de la comunidad culta. ¿Si imagina el lector viviendo en Inglaterra, Escocia o Irlanda con la fama de chupador de cucharitas? 

   El tránsito más conocido del té de Oriente a Occidente ocurrió en Boston, Estados Unidos. El suceso se conoce como “el motín del té”, en el cual los habitantes de la colonia inglesa arrojaron los fardos de esa planta, como rebelión ante los impuestos excesivos que la madre patria exigía de sus súbditos coloniales. En represalia por la extorsión de la madre patria, los estadounidenses adoptaron la desviación inventada  por  Thomas Lipton, consistente en el té en bolsitas. Para sacudir todo vestigio de imperalismo, los estadounidenses inventaron más tarde, los saborizantes (con gusto a la fruta apetecida), los gasificantes, los colorantes (todos los del arco iris), el té frío, con hielo o sin él, y el té con alcohol, vodka, ginebra, colas, hojas de coca, fernet, etcétera.

     En Europa occidental los italianos se definieron por el café,  caffé, en sus múltiples versiones y hasta ahora tiene sus propios enclaves de venta en todo el mundo.  

     En Latinoamérica el té no ha tenido gran suerte que digamos. No ha logrado desplazar al mate en bombilla, que continúa con su privilegio de bebida estimulante, y cuenta con el apoyo del termo, que permite transportarlo de un lugar a otro.                       

     La competencia entre el té, el café y el mate continúa en nuestros días. No se sabe cuál producto ganará la preferencia, aunque no es desorbitado pensar que pudiera ser una mezcla de los tres con algún otro agregado.  

    

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21/11/2010 19:49 Carlos A. Loprete #. sin tema Hay 3 comentarios.

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LO QUE EL OJO HUMANO NUNCA VIO

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¿Cómo se imagina usted que es el Paraíso?
Hay varias posibilidades de interpretarlo según lo registra la historia. Con anterioridad a los griegos, se lo relacionaba con la palabra persa “jardín”, puesto que esto era precisamente en esos tiempos, un lugar en la tierra, el Edén, donde el Creador había instalado al primer hombre y la primera. No se conoce hasta ahora el lugar preciso donde estuvo ese jardín terrenal. De allí los expulsó Señor por haber desobedecido su orden de no comer fruta del árbol de la ciencia del bien y del mal. Esta imagen es una mera forma literaria (antropomórfica) reducida en alguna versiones populares a la figura de una manzana, para significar que el hombre debe reconocer y aceptar su condición de criatura creada y no salirse de ella pretendiendo poderes que son únicamente de Dios. Muchos artistas han pintado cuadros coloridos de ese lugar, conforme a su propia imaginación. La figura de la serpiente seductora es también una imagen tradicional, sin que por ello se pretenda significar que el Diablo tiene precisamente la forma de ese animal.
Pero este vocablo Paraíso, además de este primer significado de jardín terrenal tiene un segundo, no referido a este planeta sino a otro superior, donde residen las almas de los bienaventurados que verán a Dios después de esta vida. ¿Y cómo será ese otro Paraíso?
Nadie lo sabe, pero los cristianos tienen en sus libros algunas pistas reveladoras. Santa Teresa de Jesús (1515-1582), en el Libro de su vida (cap. XXVIII), asegura haber tenido varias visiones sucesivas:
“Estando un día en oración, quiso el Señor mostrarme solas las manos, con tan grandísima hermosura, que no lo podría yo encarecer. Hízome gran temor, porque cualquier novedad me la hace grande en los principios de cualquier merced sobrenatural que el Señor me haga. Desde a pocos días vi también aquel divino rostro, que del todo me parece me dejó absorta. No podía yo entender porqué el Señor se mostraba así, poco a poco, pues después me había de hacer merced de que yo lo viese del todo, hasta después que he entendido que me iba Su Majestad llevando conforme a mi flaqueza natural.
Los teólogos entendidos sostienen que estas apariciones a la madre Santa Teresa fueron de naturaleza imaginativa, consistentes en ciertas representaciones que se dan en la fantasía de algunas personas sin que sean una auténtica visión directa de Dios. En las iglesias protestantes se han registrado también numerosos casos semejantes, según puede comprobarse leyendo Las variedades de la experiencia religiosa, del filósofo estadounidense William James.
“En el mismo momento en que sentí la llamada del Padre, mi corazón saltó al reconocerlo; corrí, abriendo los brazos y grité: “¡Aquí estoy, Padre,mío!...¿qué debo hacer…?”, confiesa un creyente. William James sostiene que “son muy escasos los creyentes cristianos a quienes se les ha concedido tener una visión sensitiva de su salvador…”
Podemos haber leído o imaginado un mundo sin dolor ni enfermedad, donde las plantas no se marchitaran nunca y el león acariciara al cordero, donde todas las ansias de conocimiento estuvieran satisfechas, un mundo sin tristezas ni temores, pero ese Paraíso no se parecerá en nada a lo que hemos visto, pensado o imaginado. La promesa de Dios está explícitamente anunciada en por San Pablo en 1 Corintios 2, 9:
“Lo que el ojo no vio, ni el oído oyó, ni se le antojó al corazón del hombre, eso preparó Dios para los que le aman,”

12/10/2010 22:10 Carlos A. Loprete #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LAS PENURIAS DE UN DIBUJANTE

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     El editor conocía a fondo su oficio, es decir no lo conocía, y mucho menos el del  dibujo. Los diccionarios intentan dar una explicación visual de los términos, y son muy efectivos para clarificar ciertos vocablos y frases,  como cuando se escribe “planta espinosa de los desiertos”. Si no se acompaña la definición con una ilustración de la planta es probable que más de un turista o viajero muera envenenado al pincharse. Pero si es  fácil y necesario ilustrar un serrucho, una rosa o un zueco holandés, la tarea se vuelve imposible cuando se llega a palabras como “infinito”. Afortunadamente no existen muchas palabras como éstas y los artistas siguen viviendo.

     El problema se agrava cuando aparecen los sinónimos o sea las palabras de significado igual o parecido. Claro es que la palabra donjuán señala al “seductor de mujeres”.Nuestro dibujante dibujará entonces  al personaje don Juan Tenorio del poeta español José Zorrilla del siglo XIX, con capa, espada y la estatua de piedra de una de sus víctimas.

     El problema se complica al tener que ilustrar al sinónimo picaflor. El picaflor no tiene época ni vestimenta fija y al ilustrador no le sirve la imagen anterior. Le agrega  un pájaro picaflor picándole la cabeza, y se acabó el problema. Al pasar al siguiente sinónimo, mariposón, le pone alas de mariposa como si fuera un angelito cristiano. Le toca el turno ahora al argentinismo compadrito y el artista modifica la imagen apoyándola en un farol de esquina, con una chaqueta de vivos blancos, un pantalón ajustado de fantasía, un sombrero con alas y un cuchillo cruzado en su cintura.

     El ilustrador se llena de gozo, ha descubierto que los sinónimos también pueden dibujarse. Mas esta alegría se trasmuta en calvario cuando se topa con otros términos, las palabras  todo y nada?   Para la primera no hay espacio en ningún diccionario y no se dibuja. La segunda, nada, no tiene ilustración posible.

     Conclusión, no hay diccionario gráfico total posible.

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02/10/2010 17:52 Carlos A. Loprete #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

SOSPECHOSO DE INTELIGENCIA

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     Sería justicia o injusticia, pero la cosa sucedió. Lo apedrearon y embadurnaron a escupitajos una mañana al salir de su domicilio. Ni bien abrió la puerta y apareció, se oyó una voz estentórea de entre el grupo de curiosos y periodistas habituales, que le recriminaron: “¡Traidor! ¡Mentiroso! ¡Te llegó por fin la hora! ¡Basta de mentiras!” A continuación llegaron las piedras escurridizas abriéndose paso por entre los intersticios de los presentes, y por último los escupitajos asquerosos de los individuos más cercanos, sin que la mayor parte de los presentes atinara a comprender las razones de esta crueldad. ¿Qué habría hecho ese personaje para merecer tan infamante tratamiento?

     Los observadores se miraban unos a otros buscando en los rostros algún indicio explicativo y en ninguno se podía percibir una respuesta. En el barullo del vocerío se alcanzaban a distinguir de vez en cuando algunas palabras:

     - ¿Qué ha hecho este tipo para que lo traten así?

     - No sé nada, yo acabo de llegar.

     Otro alegaba lo más ufano:  

     - Algo habrá hecho para que lo traten así. Cuando el río suena, agua trae.

     - Sin embargo, yo vivo en la casa de al lado y nunca vi al pobre en algo indebido. De mañana saca a pasear a su perro, toma un café en el quiosco de la esquina y lee el diario. Después se retira a su departamento y través de la ventana se lo ve leer el resto del día. ¿Qué tiene de malo eso?

     A continuación varios policías con pecheras anaranjadas entraron en escena,  interpusieron sus cuerpos para evitar el choque y calmar a los atacantes. Un transeúnte de edad avanzada se aproximó al portero del edificio:

     - ¿Contra quién protestan estas personas?

     - Contra el doctor Bonavista, del cuarto piso.

     - ¿Lo acusan de algo? Por leer no se puede agredir a nadie. A ver si de pronto me escrachan a mí porque hago traducciones al inglés.

     El portero se escudó detrás del silencio y giró su cabeza hacia un costado.

     Un individuo apostado con cuatro o cinco personas en un extremo del gentío, explicaba a sus compañeros:

     - Es un sospechoso de inteligencia y por lo tanto un enemigo del gobierno. Los inteligentes trabajan de mosquitas muertas y se creen que porque han leído merecen gobernar el país. Pero para impedirlo estamos nosotros.

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13/09/2010 19:10 Carlos A. Loprete #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

¿QUÉ FALTA POR SUCEDER?

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     Millones y millones de personas de los cinco continentes se formulan esta pregunta sin encontrarle respuesta, y es natural que así sea, porque este asunto del futuro ha sido, es y seguirá siendo uno de los misterios inaccesibles a la mentalidad humana.  Esto por una sencilla razón: si una cosa no ha sucedido todavía no es posible saber ahora cómo habrá de ser por la multiplicidad de sucesos que podrían suceder.

     Cualquier afirmación que se haga es una mera conjetura, una suposición sin sostén alguno en la realidad, y como tal, no sabemos si es cierta o no. Para ser cierta una cosa el pensamiento debe coincidir con la realidad, pero como la realidad del mañana no ha sucedido todavía, no hay comparación posible. El filósofo Aristóteles advirtió hace 2.400 años esta imposibilidad. Su demostración es famosa: no puede saberse si mañana habrá o no una batalla naval, puesto que las condiciones para que suceda tendrían que conocerse de antemano hoy, y esto es imposible porque no han ocurrido todavía y no hay entonces correspondencia entre presente y futuro. Más todavía: si existieran y el hombre las conociera, esto significaría que no hay libertad en este mundo puesto que las cosas le sucederían al ser humano sin su intervención. Le sucederían las cosas y no sería él quien las ejecutara con libertad.  

     Sin embargo, el hombre sabe que ciertas cosas del futuro pueden ser cumplidas por él  libremente, como por ejemplo, cortar una capa en dos mitades o en cualquier número de partes, aunque también sabe que no podría hacerlo si se presentara un hecho inesperado (o contingente, como se dice en lenguaje filosófico), el robo de la capa, digamos.

     Dentro de los contingentes (que podrían ocurrir o no), la posibilidad es prácticamente ilimitada e incognoscible. Pueden darse fenómenos de la naturaleza (lluvias, sequías, tormentas), limitaciones del cuerpo humano (saltar y quedarse suspendido en el aire, enfermedades, deformidades orgánicas), acciones de terceras personas (por ejemplo, amenazas), principios morales personales o provenientes de fuentes externas (religión, profesión, medicina, cultura local), que se oponen a ciertos actos como dañar, herir, injuriar, robar, etc.

    En cualquiera de estas posiciones, todas dan por supuesto que hay un futuro que está por cumplirse. La pregunta consiguiente es entonces: ¿y qué es lo que falta por suceder todavía en la vida de este planeta?

    Como hay un impedimento comprobado para poder predecir el futuro, al ser humano no le quedan otras alternativas que resignarse a no poder conocerlo y esperar a que suceda, o intentar otras soluciones sustitutivas .

    Desde mediados del siglo pasado han surgido individuos y grupos seguidores de la decisión de hacer cualquier cosa: “Haz lo que quieras” (Do what thou wilt). Hacer lo que a cada uno se le ocurra implica aceptar que no hay un futuro único sino que puede suceder el escogido por una determinada persona o por otra, o incluso uno no pensado por nadie. Por consiguiente, el futuro es incognoscible, y ahí concluye el tema. 

     El sólo hecho de que haya incontables interpretaciones del futuro está indicando que no se lo conoce, por lo que tales teorías no valen como afirmaciones y son meras conjeturas. Una conjetura es, conforme lo indica la ciencia del lenguaje, una suposición arrojada junto a otras, sin que se sepa si es verdadera o falsa. Se la arroja al lado de otra (cum + iectum), sin la pretensión de que sea la verdad, para tratar de ver si en el conjunto, es cierta o no.

     Conjeturas incumplidas las hubo siempre en la historia. Vistas hoy en día a la luz de los sucesos efectivamente ocurridos en la historia real, se constata la banalidad y superfluidad de ellas, puesto que los futuros conjeturados no se produjeron, y a lo sumo,  las conjeturas se transformaron en una práctica de adivinación.               

     Entonces, si las generaciones pasadas sobrevivieron sin necesidad de conocer el futuro, ¿por qué no podríamos vivir nosotros los contemporáneos sin conocerlo? Y además, ¿está usted seguro de que quiere conocer su porvenir?  Piénselo. Vea cómo podría vivir si supiera el día, la hora y la causa de su muerte;  los cataclismos naturales que tendrá que sobrepasar; las injusticias e iniquidades que le sobrevendrán; las guerras y revoluciones venideras, las pestes, las masacres y tantas otras cosas venideras.

      Y finalmente, ¿qué salida tendría si dentro de ese conocimiento estuviera incluida la  idea de que el futuro es incognoscible?

 

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23/08/2010 14:05 Carlos A. Loprete #. sin tema Hay 1 comentario.

LA MIRADA Y LA PALABRA

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     Los ojos son la única parte del cuerpo humano que no miente. Están directamente conectados con el espíritu interior y lo reflejan sin engaño. Basta que un enamorado mire a los ojos de quien tiene delante para saber si ella le corresponde, sin necesidad de ir a preguntárselo a nadie. A ella le sucede lo mismo: cuando mira a su interlocutor, sabe de inmediato si él está enamorado o no de ella. El beso se convierte entonces en un pacto silencioso, sin permiso previo, porque el acuerdo ha sido establecido a través de las pupilas. No hay riesgo de la bofetada clásica. Y esto sucede porque los músculos  que gobiernan a las pupilas, son ajenos a nuestra voluntad. Dos personas en estas condiciones, podrían unirse en matrimonio si haber intercambiado palabra alguna. ¿Para qué entonces la palabra si todo está dicho ya?”

          La sonrisa es la segunda forma de penetrar en el alma ajena, pero con una diferencia: no se puede fingir, pero se puede congelar. Los anatomistas han descubierto que en la sonrisa intervienen veintiún músculos en total sobre los cuales el ser humano no tiene dominio. Únicamente puede inmovilizarlos. A tales individuos nuestras abuelas los denominaban “caras de piedras” o “caras duras”. Sin tener que recurrir a ningún experto cada persona distingue al

     Alguien ha dejado dicho por ahí que cuando escucha a un orador no sabe si le miente, pero cuando lo mira sí. En efecto, la mirada ajena nos descubre de la misma manera que nosotros descubrimos a nuestro interlocutor. La clave está en las pupilas, que se agrandan sin nuestro consentimiento cuando algo nos agrada o nos sorprende, y se achican cuando nos desagrada o nos mienten. Mirar a nuestro personaje con atención

nos brinda la posibilidad de saber dónde está nuestra felicidad y dónde no.

      La mirada establece una relación de verdad que viene directamente desde adentro del hombre, y que una vez establecida no tiene marcha atrás. Él está seguro de que ella lo quiere y ella también. Ambos perciben el mensaje implícito en sus miradas. Podrán acatarlos o no, pero ya lo han expresado.

     Una mirada no es una ojeada. Ojear es un nada más que un movimiento físico de los ojos, un pasar la vista por encima de los objetos y las personas. A veces puede ser una  advertencia a alguien para anticiparle que deseamos mirarlo o morirla y la respuesta en las mujeres puede ser una caída de los párpados, un bajar la vista, una sonrisa u otro gesto galante. La técnica del galanteo se ha conformado sobre la base de estas observaciones.  

     La mirada revela mejor que las palabras nuestra intimidad y no se estudia ni aprende.

Si alguien desea conocer a otro o enviarle un mensaje de amor, no vaya en procura de ayuda a ninguna parte,  Mírelo a las pupilas. 

05/06/2010 19:48 Carlos A. Loprete #. sin tema Hay 2 comentarios.

EL PREDERECHO HUMANO

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El derecho es la facultad que tiene el hombre para hacer legítimamente lo que necesita para vivir. Se llama entonces derecho humano al que tiene toda persona para vivir como persona., desenvolver su personalidad, disponer de los medios para conservarla y desarrollarla. Pero no existe derecho alguno sin su obligación correspondiente, es decir, sin limitaciones. Admitir un derecho sin su obligación correspondiente sería el caos o desorden de la humanidad. Cada sociedad humana ha establecido desde tiempos inmemoriales el conjunto de principios, preceptos y reglas a que están sometidas las personas que la constituyen, los cuales son diferentes entre sí, de tal manera, que no existe un derecho absoluto, único y definitivo válido para todo tiempo y lugar.

Pero además existen otros derechos particulares, como el derecho de las mujeres, el derecho de los niños, el de los grupos profesionales, que sin embargo no afectan a los derechos humanos en general. Un niño, por ejemplo, tiene además del derecho a vivir, los derechos a la manutención, a la educación, a la salud, a la libertad de elegir su futuro.

 

Dejo aparte de este artículo el irresuelto problema de a partir de cuando se es un ser humano. Las respuestas a esos temas se computan a partir de diversos momentos, según sea la escuela científica, biológica, filosófica o religiosa, pero lo cierto es que no hay una definición única sobre la cuestión, y no hay acuerdos sobre si se cuenta desde la fecundación, desde el embrión, desde que está formado el sistema nervioso, desde los cuatro meses o desde el nacimiento. Las respuestas a esos temas pertenecen más bien a la filosofía y la teología.

 

Un avance consistiría en establecer un “prederecho humano”, un protoderecho, esto es, el derecho a tener todos los derechos humanos, establecidos o por establecer, el derecho a ser una persona humana, antes de la misma fecundación, porque si uno tiene ese derecho, los demás derechos humanos no pueden ser negados ni amputados cualesquiera sean los derechos humanos generales o particulares que se reconocen hasta ahora. Todos los derechos, el humano, el político, el comercial, el laboral, el civil, el público, el privado, el internacional, etcétera, reconocidos o por reconocer, estarían comprendidos dentro de sus prescripciones.

 

Equivaldría a un “derecho a tener derechos”, un “derecho supremo”, un “derecho a ser”, en virtud del cual no podría existir la pena de muerte, la manipulación genética que ponga en riesgo la vida de un ser humano, la contaminación ambiental, las prácticas abortivas, la discusión entre muerte encefálica y muerte biológica, la eutanasia, la muerte asistida. Según este razonamiento, yo sería un sujeto con prederechos antes de llegar a ser una persona con derechos humanos o de cualquier otra clase.

 

Las distintas clases de derecho vigentes son sistemas jurídicos convencionales que se basan en acuerdos tomados por los hombres sobre algún aspecto de la vida, pero el “prederecho”, debería ser una afirmación anterior a todos ellos que garantizara la vida misma desde su origen primero hasta su extinción natural. Deberá ser un derecho ínsito a la condición humana, simplemente dado e insolayable, y no un derecho otorgado por una asamblea u organización, que no es la propietaria de ningún derecho. Por esta razón, ni siquiera la asamblea de las Naciones Unidas otorga derechos sino que su función se reduce a reconocerlos.

 

¿Y qué debiera decir este prederecho? Algo muy sencillo, como esto, por ejemplo: “Toda persona tiene el derecho supremo de nacer, y desarrollar libremente su propia personalidad hasta el momento mismo de su extinción natural.”

 

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16/05/2010 21:29 Carlos A. Loprete #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

REQUISITOS PARA LA ESTUPIDEZ

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     Aunque sea doloroso decirlo, no se puede dejar de reconocer que en este mundo existen los estúpidos. Se los puede llamar en general estúpidos, pero es una palabra tan 

grosera, que se prefiere recurrir a otros sinónimos, como tonto, bobo, lelo, torpe, rudo, estólido, necio, idiota, tardo, imbécil, estulto, retardado, sandio, sin contar los muchísimos vulgarismos que se les aplican en cada país. Excluyo de este artículo con premeditación a los enfermos mentales, porque en mis escritos no me permito ninguna  maldad ni impiedad.   

     El común de la gente reconoce en el estúpido los siguientes rasgos:

     l. Cree que está en este mundo simplemente porque está, sin tener que preocuparse por saber quién lo ha fabricado.

    2. Ya que está aquí, tiene que pasarlo lo mejor posible, gozar de buena salud, disfrutar las noches serenas, comer y beber los manjares y bebidas más exquisitos, dormir los sueños más felices, asociarse a una compañera bella, bondadosa y laboriosa,

tener hijos sanos, bonitos e inteligentes, disfrutar de una fortuna oculta, indemne a la voracidad impositiva de los gobernantes, y como no es inmortal, vivir la mayor cantidad de años posible.

   3. Acatar e imitar las modas del momento, saltar, cantar, gritar, disfrazarse de algo, realizar extravagancias, tratar de ser el primero en su actividad, mentir a los cuatro vientos para no que caer cautivo de sus rivales, tener su capital en monedas de oro enterradas, no regirse por ningún principio, en suma, hacer lo que quiera.

   4. Todo estúpido es diferente de uno. Estúpidos son los demás. Saben o no saben que son, pero lo son. Se los encuentra en la calle, en los congresos, en la política, en el arte, en todo lugar por donde transiten seres humanos. Alguien ha dicho que hasta los dioses luchan contra ellos, pero no han podido vencerlos. Otros han sostenido que la bondad de los dioses los ha hecho estúpidos en vez de hacerlos locos.    

     5. Hay diferentes grados de estupidez. Estúpido es tanto quien cree que los astrónomos mayas tienen razón cuando profetizan que el mundo se acabará en diciembre de 2012, como quien cree que los políticos se preocupan por la pobreza de los demás y descuidan la propia; estúpido es quien cree que la ciencia llegará a develar todos los misterios de la creación, como quien piensa que la industria inventa sus productos para favorecer a los indigentes. El estúpido mayor es el que cree que él no lo es. Seguramente yo debo de ser un estúpido más, -aunque permítaseme la inmodestia- no de los mayores. Lo sería, con seguridad, si creyera que este artículo que estoy escribiendo va a ser aplaudido y festejado por los demás.

10/05/2010 20:00 Carlos A. Loprete #. sin tema Hay 5 comentarios.

DE BOCA EN BOCA

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     El Presidente llamó a su despacho al Jefe de Gabinete y le comunicó que debido a que el servicio meteorológico había anunciado un huracán de doscientos cincuenta kilómetros por hora para el día siguiente, informara a los gobernadores e intendentes que para evitar la muerte de algún concurrente se suspendía la asamblea del partido para una próxima ocasión.

     El Jefe de Gabinete indicó al Ministro del Interior que debido a que el servicio meteorológico había anticipado la muerte de algún concurrente a la próxima asamblea del partido, comunicara la suspensión del acto para una nueva ocasión dentro de los próximos doscientos cincuenta días.

     El Ministro del Interior indicó el Director de Provincias que como el servicio meteorológico había anticipado el riesgo de muerte de algún delegado a la asamblea del partido por el próximo huracán dentro de los doscientos cincuenta kilómetros, ordenara que ningún ni gobernador ni intendente se moviera de su jurisdicción hasta una próxima ocasión.

     El Gobernador de Córdoba ordenó al Secretario de Municipios que como dentro de los doscientos cincuenta kilómetros moriría algún intendente, según el servicio meteorológico nacional, nadie se moviera de su lugar hasta una próxima ocasión.

    El Intendente de Malacate informó a los delegados a la convención del partido que como el Presidente moriría según el servicio meteorológico al día siguiente con el huracán, los delegados se trasladaran de inmediato a la Capital Federal  a una velocidad de doscientos cincuenta kilómetros por hora.

     El Presidente, enterado de los hechos, ordenó al servicio meteorológico nacional que suspendiera el huracán para una nueva ocasión dentro de los próximos doscientos cincuenta kilómetros.

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10/04/2010 20:25 Carlos A. Loprete #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

TESTAMENTO DE UN SUICIDA

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       Mientras tomaba el desayuno por la mañana, sentí unos pasos frente a la puerta de mi departamento. Fui a la entrada para averiguar el origen de los ruidos y encontré en  el piso un sobre con una carta adentro. La leí y con sorpresa comprobé que se trataba de la carta de un suicida desconocido parapetado detrás del anonimato. Según la firma al pie se llamaría “Estúpido a Tiempo Completo”, nombre suficientemente sugestivo como para no postergar la lectura. La transcribo sin modificar ni una coma en beneficio de la verdad, no sea que me esté espiando desde la eternidad y me contagie la idea de descarnarme en fantasma.

    

          “Al señor juez  de turno:

    

         En primer lugar confieso que he decidido por mi propia voluntad, sin involucrar a persona alguna, mi retiro de esta vida. Tomo esta decisión en pleno uso de mis facultades mentales, desilusionado del mundo que me ha tocado vivir. Si alguien piensa que el contenido de estas líneas tiene una enseñanza útil para otro individuo, puede utilizarlo sin titubear porque no pienso reclamar derechos de autor.

    

        En vida fui vago y haragán, descreído de todo y de todos, resuelto a superar por mi propio esfuerzo los obstáculos de vivir. Cuando me preguntaban cómo estaba, respondía “como me dejan”, porque había llegado a la conclusión que siempre había por encima de mí gobernantes y autoridades que fijaban los límites de mi actividad. Pero podían impedirme cualquier cosa, no mi muerte. Entre ellos y yo no mediaba más que un disparo de pistola. Tengo plena conciencia de que nadie llorará por mí y eso no me espanta, porque a ellos tampoco los llorará nadie, y si alguien simula hacerlo, sus lágrimas serán lágrimas de cocodrilo.

    

        Me enrolé en un círculo de la Nueva Espiritualidad, engañado por un rubiecito de ojos azules que hablaba muy bien el inglés. Me convenció de que los sermones y doctrinas de curas y pastores son un engaño y que cuando tuviera una duda sobre mi porvenir consultara a los astrólogos, a los cristales y los péndulos, a las cartas del tarot marsellés  o a una médium del espiritismo, nombre que se ha modernizado en el de “canalización.” Ahora me doy cuenta de que había estado engañado. Intenté una inversión en dólares cuando me lo indicaron y perdí el dinero. Probé encontrar una compañera para el resto de mi vida y me resultó una adúltera cualquiera. Concurrí a un curso de relajación inspiracional mediante el uso de harpas, flautas y masajes cuando estuve angustiado y salí como entré. Los gurúes se justificaron diciendo que el estado de espiritualidad  profunda se logra después de cuatro años y yo no había cumplido el tiempo requerido. Tampoco me sirvieron la iridiología, la terapéutica del toque, las flores de Bach ni otros métodos naturalísticos para curarme la culebrilla que me apareció en el abdomen. La cifra que me aconsejaron los numerólogos para ganar a la lotería no salió premiada nunca. 

   

         Todas las malas suertes parecían haberse conjurado contra mí. La prometida “conexión espiritual” entre uno y la conciencia del planeta no entró jamás en mí. Cada día me sentía más abandonado. Probé entonces encontrar una explicación a mis desgracias en la teoría de las razas atraído por la posibilidad de que estas cosas me sucedieran a mí por ser latino, y casi me convenzo de que efectivamente estamos condenados a ser inferiores. Me salvó un  vecino bajito, calvo y gangoso, con unos anteojos gruesos como un  vidrio antibalas, quien entre sonrisas irónicas me hizo comprender que era una teoría inventada por los poderosos para que aceptáramos con resignación su dominio.

    

         Desengañado, hice una prueba final, arreglármelas solo y atenerme a las consecuencias sin contar con los demás. No hay una verdad –pensé-, cada cual tiene la suya. Me volví supersticioso y fue peor. Me rompí una pierna al bajarme de la cama con el pie izquierdo, una escalera me cayó sobre la columna al pasar debajo de ella, al arrojar sal por encima de los hombros enfurecí a mi perro compañero de años que huyó de casa y no volvió más, una vez que fui al santuario del Gauchito Cruz a llevarle una ofrenda me asaltaron unos ladrones y me quitaron hasta la ropa, y otra,  al romperse el espejo mientras me peinaba, me espantó la idea de que mi muerte estaba próxima.

   

       Nunca más pude librarme de este miedo, y por eso he tomado la determinación de eliminarme. Muero sin odiar a nadie y perdono a quienes me han hecho daño.”

   

       Hasta aquí el texto del suicida. Me pregunto: ¿era eso suficiente para suicidarse? A casi todos nos pasa lo mismo. A mí también y aquí me tiene escriendo.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

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24/03/2010 14:31 Carlos A. Loprete #. sin tema Hay 2 comentarios.

LAS DOS FRUTAS DE LA DISCORDIA:

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                    LA MANZANA Y LA BANANA

 

          Hasta este nuevo siglo, dos son las frutas que han dividido a la humanidad.  La primera, la manzana de origen bíblico, con la cual Lucifer o Satanás engañó a Eva y la sedujo a desobedecer al Creador y probar el fruto prohibido para conocer así la sabiduría divina.

Con una manzana oro que puso en el suelo la diosa de la Discordia en una reunión de todos los dioses indicando que debería pertenecer a la más bella de las tres diosas, Atenea, Hera y Afrodita, se recurrió a Paris, quien otorgó la manzana a Afrodita. Este juicio se mantuvo vigente por mucho tiempo y se lo recuerda como "el juicio de Paris." El caso es que la manzana ha sido en la historia la fruta de la primera gran disputa frutal.

     La banana, por su lado, es la fruta de la segunda gran disputa. El lector ha de saber, antes de comenzar la lectura, que la palabra "banana" es un vocablo oriundo de América, o sea que es un americanismo usado en varios países de este hemisferio en reemplazo de "plátano", que es el vocablo registrado por la Real Academia Española.                            

Sobre él se ha formado la expresión "república bananera", tan llevada y traída en el lenguaje político de nuestros tiempos.

     La banana hace su aparición en la civilización con una compañía comercial llamada United Fruit Company, surgida en América Central en 1899 y disuelta en 1970. Los centroamericanos de los países donde operaba la llamaban La Frutera, El Pulpo o,  dicho en forma sarcástica y dialectal, Mamita Yunai. A diferencia de la manzana, motivo de discordia entre dioses, la banana fue motivo de discordia entre hombres.

       No dispongo de espacio ni de tiempo para describir en detalle las técnicas operativas de esta compañía, modelo de "bananería", razón por la cual me limitaré a una síntesis sucinta. La tan discutida United Fruit Company fue creada por el empresario Minor C.Keith, estadounidense, casado con la hija de un determinado presidente centroamericano. Tanta fue su influencia y poder en la región, que el público lo llamaba "The Uncrowded King of  Central América" (El rey no coronado de Centro América). Entre sus hazañas la historia enumera las siguientes: sobornaba a líderes locales; compraba en los países tierras vecinas a sus establecimientos y las mantenía sin cultivar con  el pretexto de las sequías y huracanes, para evitar el establecimiento de empresas competidoras y la baja de los precios por superproducción); sobornaba a los gobernantes para pagar impuestos bajos; sin contar con la lucha sangrienta contra los campesinos rebeldes. Su actividad industrial y comercial se especializó en las bananas, y marginalmente, en las piñas (ananás).Al cerrarse la United  Fruit Company, míster Keith fundó una nueva compañía que perdura hasta nuestros días y que el público puede reconocer en las bananas identificadas con una estampilla pegada en la cáscara con la marca  ***.

     La bibliografía sobre la citada empresa registra cientos de artículos y volúmenes que el lector curioso puede encontrar si se lo propone, unos a favor, otros en contra de la empresa.

     No pretendo incursionar en recomendaciones sobre si comprar o no comprar bananas con esa estampillada pegada en su cubierta, porque no tengo antecedentes para presentarme como asesor comercial, económico y político. No obstante esta carencia, me atrevo a razonar que en la controversia entre la manzana y la banana, los antiguos  estaban en mejor situación, porque el problema era una disputa entre dioses, en cambio en la controversia sobre la banana la discordia ocurre entre nosotros los humanos.         

     Míster Keith  vivió en este mundo desde 1948 hasta 1929, pero su bananerismo ha sobrevivido hasta nuestros días. Un rumor sin confirmar en su época, sostenía que en su vida privada no comía bananas puesto que  prefería las manzanas. Dejo así aclarado el tema de las "repúblicas bananeras", aunque con una duda capital: ¿debe o no comer bananas un opositor a este sistema político?

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10/03/2010 18:07 Carlos A. Loprete #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

MATAR UNA PLANTA

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     Si alguien corta o arranca la raíz de una planta antes de que asome a la superficie, no hay duda de que ha matado la planta futura. No diremos que el autor de este acto es un asesino de plantas, porque las plantas no se pueden asesinar. ¿Pero qué pasa si lo que se corta o se arranca  es un feto humano?

     Toda cosa cuyo crecimiento o desarrollo es interrumpido se denomina en español un“aborto” (ab- ortus, antes del nacimiento, de la natividad , del principio). Por eso se dice en español que una revolución, por ejemplo, ha abortado cuando no ha llegado a producirse. Cuando una persona ejecuta esta acción sobre un feto humano, comete en realidad un aborticidium (aborticidio), esto es, ha matado un aborto quitándole la oportunidad de nacer.

     Curiosamente la lengua latina es más precisa que la española en este caso. En latín una cosa es un “aborto” ( algo nacido antes de tiempo) y otra diferente un “aborticidio”, es decir, matar a ese aborto. Si alguien arranca el feto del vientre materno ha generado un aborto, pero si además mata a ese aborto, ha cometido un aborticidio.  

     Los facultativos de la medicina están divididos en abortistas y en antiabortistas. Los abortistas sostienen que provocar el aborto intencionadamente es permisible hasta los 14 días desde la fecundación, porque hasta entonces no está desarrollado el sistema nervioso en el embrión. Este argumento es como decir que si alguien arranca una raicita de menos de 14 días, no ha matado la planta porque hasta entonces es únicamente una raicita y no una planta desarrollada. O decir que si se aplasta un huevo de pájaro no se ha matado una paloma sino un huevo de paloma. Por supuesto, se ha destrozado un huevo, ¿pero se ha matado o no la paloma que venía adentro?

     En consecuencia, quien diga que un embrión no es una persona está afirmando algo contrario a la biología. ¿Si mata la raíz, no mata la planta?  ¿Si mata un embrión no mata una persona?

       

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25/02/2010 18:58 Carlos A. Loprete #. sin tema Hay 4 comentarios.

EL ESCUDO CONTRA NIETZSCHE

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     Le toca el turno ahora al filósofo alemán  Federico Nietzsche  del siglo XIX. Si me pidieran un resumen de su vida y obra, lo escribiría de la siguiente manera:

     “Filósofo alemán (1844-1900) profusamente leído en su tiempo por sus ideas racistas, su enemistad personal con Dios y la creación de un superhombre en la tierra que acabe de una vez por todas con los débiles, los timoratos y los enfermos. Se duda si fue loco de nacimiento, pero al menos consta que murió siéndolo. Si se escribiera una historia de los filósofos más dañinos de Occidente, su nombre estaría entre los diez primeros.

     Acompasó sus ideas con una vida atormentada, exaltada y  enferma, tal vez  como consecuencia de una enfermedad inconfesable, no hereditaria., y que por respeto a su memoria me resisto a precisar. Hacia 1889 le sobrevino un ataque cerebral que lo dejó mudo y casi privado de toda acción salvo la redacción de unas pocas páginas, y que el diagnóstico de los médicos que lo atendieron identificó como “reblandecimiento cerebral.” Al morir dejó escrito un volumen, El Anticristo: maldición al cristianismo, que su hermana Elisabeth, casada con un notorio antisemita, falsificó suprimiendo párrafos y adulterando su contenido, al punto que el régimen nazi de Hitler lo aprovechó en su beneficio. Fue hijo y nieto de pastores protestantes y arremetió contra el cristianismo con una pertinacia inexplicable que va más allá de una cuestión de creencias. En sucesivas etapas de su existencia estudió filología clásica, teología, ciencias positivas, y cuanta disciplina se le cruzaba por delante, de donde extraía desordenadamente sustancia para sus obras. En sus libros se reiteran muchas de las ideas centrales, consideradas por los críticos occidentales como básicas de una nueva filosofía de “inversión de los valores”.

 

     La Universidad de Basilea lo designó profesor extraordinario, la de Leipzig le otorgó el grado de doctor sin necesidad de dar examen, renunció a la ciudadanía alemana para convertirse en suizo, se enamoró pero su pasión no fue compartida, vivió acosado por la enfermedad, viajó continuamente de una ciudad a otra en busca de salud y debió jubilarse voluntariamente por su incapacidad para dictar clases.

     Su nombre es infaltable en cualquier historia de la filosofía, incluso en las más abreviadas, y su sentencia “Dios ha muerto” podría ser grabada como su divisa si se le diseñara un escudo de armas. Para la psiquiatría moderna Nietzsche sería un ejemplar típico de la perturbación mental llamada paranoia, en cuanto sus abundantes libros giran en torno a una idea obsesiva y recurrente (Dios) y sus implicancias incluidas.

     Sus obras principales fueron La gaya ciencia (1881-1882), Así hablaba Zaratrustra  (1883) y Más allá del bien y del mal (1886), en las que su mente se dispersa fragmentariamente en pensamientos por momentos lúcidos y por momentos triviales y fatigosos. En ellos aparecen fugaces destellos intelectuales, todavía no organizados en un sistema coherente, a través de los cuales el lector puede tomar conocimiento de sus ideas de la oposición entre un mundo apolíneo (racionalista, voluntarioso, de poder) y de un mundo dionisíaco (desorganizado, emocional);  de la debilidad del pensamiento griego al promulgar conceptos sobre lo bello, lo verdadero, lo bueno, lo moral, que han terminado por debilitar con metafísicas y religiones mitológicas.

     El ideario nietzscheano ha subyugado a lo largo de los años a jóvenes rebeldes y adultos ateos, que se han prendido a los libros del filósofo como a una tabla de salvación para justificar su lucha anticlerical. Renegar de Dios con el apoyo de tan divulgado filósofo, era otorgar al ateísmo un escudo cultural de ilustración y distinción.

     Por ejemplo, un individuo que se proclamara admirador filosófico de Nietzsche, tendría abiertas las puertas para afirmar “Yo estoy al margen de todo el mundo y no acepto condiciones de nadie. Quiero que la gente se someta también a mis fantasías y encuentre perfectamente natural que me entregue a tales o cuales esparcimientos.” (La gaya ciencia, 23).

     Con esto basta. Yo tampoco acepto condiciones de Nietzsche y no me someto a sus fantasías.

 

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14/02/2010 23:38 Carlos A. Loprete #. sin tema Hay 3 comentarios.

¿DÓNDE TERMINA EL BLANCO Y COMIENZA EL NEGRO?

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     Si alguien le mostrara a una persona una tira de papel uno de cuyos extremos fuera  blanco y en gradación progresiva fuera ennegreciéndose hasta culminar en el negro, nadie podría señalar una línea vertical que separara con precisión el lugar exacto en que lo blanco comienza a ser negro.  

     Esta misma incertidumbre se plantea en otros campos de la acción humana que implican una gradación progresiva. ¿en qué momento el amor comienza a ser odio? ¿en qué punto la verdad atenuada pasa a ser mentira? ¿en qué momento una figura hermosa comienza a ser fea?

     Hay quienes afirman que desde el comienzo hasta el fin lo blanco está mezclado con el negro y todo depende de la proporción relativa de ambos colores, vale decir, que únicamente al comienzo todo es blanco y únicamente al final lo negro es negro. Pero en ese supuesto, solamente los puntos primero y último son blanco y negro puros, y todos los demás grises.

      Pero el ser humano ni gana ni pierde mucho con no saber los límites entre los colores, y puede desentenderse del problema dejándoselo a los filósofos (que tampoco lo tienen resuelto y no pueden decirle en qué momento la sangre arterial roja pasa a ser venosa o azulada). Cuentan los glóbulos rojos y los glóbulos blancos bajo el microscopio y de acuerdo a un número convencional que la ciencia tiene establecido, le dicen a usted si está anémico o no. Se les puede creer sin mayor riesgo, porque con esa cifra aproximada alcanza para recetarle una transfusión.        

     Un razonamiento análogo puede hacerse acerca de lo bello y de lo feo, pero prefiero transferírselo a usted para que lo resuelva por su cuenta, aunque estoy seguro de que no lo logrará. ¿Podría decirme cuándo una poesía o una canción pasa de ser hermosa a ser fea? 

     Me limitaré únicamente al campo sentimental con el análisis siguiente. En un momento determinado usted se da cuenta de que la persona a quien amaba mucho ya no la ama como antes y pasa a odiarla. Esto suele ocurrir con un vecino, con un amigo y aun con una familiar o pariente. Pero no se inquiete, mi amigo, porque ni los sabios lo saben. La línea de corte o el número de partículas  es un conocimiento imposible para el ser humano. ¿Qué hago entonces? Se preguntará angustiado usted.

    Aunque yo no estoy habilitado para dármelas de sabio, podría no obstante decirle cómo me manejo yo en estos casos de duda, pero por favor le ruego que no lo tome como un consejo sino como la narración de un caso individual. Me atengo al sentido común, esto es, a lo que una gran parte de la humanidad hace: atenerme firmemente a lo que mi conciencia me dicta y eso es, repudiar la idea de todo mal y alejarme lo más posible.   

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07/02/2010 20:49 Carlos A. Loprete #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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