Blogia

Carlos A. Loprete Ensayos Cortos

GERENTE DE MENTIRAS

GERENTE DE MENTIRAS

 

     Hasta nuestros días los humanos habíamos vivido inmersos en una serie de mentiras convencionales aceptadas como si fueran verdades indiscutibles. Por ejemplo, creer que algunos niños nacen dentro de un repollo o que los Reyes Magos son viejos con barba y pelo blanco que viajan en trineos para hacer sus regalos, sin ponernos a pensar que también llegaban a la Argentina donde no hay nieve en la Pampa.

    Afortunadamente, el tercer milenio ha puesto en descubierto tales creencias falsas, y las verdades ocultas han sido anunciadas a la humanidad. Si a esta liberación del pensamiento se agrega el progreso de la globalización científica, la liberación definitiva del hombre habrá llegado por fin a su culminación.

     Sin embargo, quedamos en este mundo algunos desconfiados incorregibles que no nos conformamos con vidrios de colores y reclamamos pruebas contundentes de las afirmaciones ajenas. En lo personal yo no creo que los clientes compren las burbujas y no el champán, como tampoco que la gente adquiera cualquier producto si se lo frecen con una sonrisa a flor de labios. Hasta ahora no he conocido a ninguna persona que compre su propio ataúd para tenerlo por anticipado en su casa hasta el momento decisivo por más que se lo ofrezca una Miss Universo sonriente.

     La verdad es que estamos entrampados en una red de engañadores especializados que lo enloquecen a uno, a menos que aparezca un salvador veraz que lo proteja y le recomiende que no crea si le dicen que ha sido premiado con un automóvil en un concurso, o que su nombre ha sido seleccionado para optar a un viaje gratuito alrededor de mundo, o que un fallecido en un accidente aéreo en África le ha dejado un depósito de 1.500.000 dólares y le ofrecen cobrarlo con su participación. Si fueran ciertos esos accidentes aéreos no quedaría avión en el mundo volando por los cielos. ¿Creería alguno de los desconfiados que quedamos si una empresa le ofrece en un paquete  hacerlo adelgazar cinco centímetros de cintura en un mes, buscar y recuperar a su esposa fugada en el plazo de un semestre, otorgarle a un interés del 2,5 % anual un crédito a sola firma de 50.000 dólares, entrenar a su perrito mascota para competir en un concurso de destreza mundial, gestionar ante la curia vaticana un lugarcito de excepción en el reino de ultratumba, o si es de su preferencia poner sus despojos en órbita en un féretro espacial ?

     Parece tarea imposible persuadir al prójimo, pero no lo es. Quienes se ocupan de estos trabajos han estudiado su oficio y saben lo que hacen. Se han denominado a sí mismos expertos en relaciones públicas, comunicadores sociales, publicistas, propagandistas y últimamente gerentes de conversación. Increíble, “gerente de conversaciones.”

     Los empleados de tales empresas están al corriente de estas innovaciones, pero deben guardar silencio para no perder sus puestos. A mí me llamó telefónicamente una señorita de voz agradable para comunicarme una inesperada noticia:

     - ¡Felicitaciones, señor! Usted ha resultado ganador de un viaje aéreo gratis alrededor del mundo. Déme sus datos personales y tendremos el placer de entregárselo personalmente en su domicilio.

    Esa mañana yo no estaba de buen humor por haber dormido mal y me olvidé de las reglas de urbanidad. De ahí mi explosiva contestación:

    - Vea, señorita, como usted no me conoce no sabe que soy millonario y no necesito nada gratis. Por otra parte, cuando necesito un avión para mi uso personal exclusivo, lo llamo a Bin Laden por mi celular y él me envía uno de los suyos. De este tipo de respuestas tengo un vasto repertorio que empleo a discreción según el caso. Cuando algún curioso me pregunta cómo me va, le contesto “Como me dejan” y lo elimino de mi contorno. Así, poco a poco, mi salud mental ha mejorado.

     Es increíble la cantidad de gerentes de conversaciones que proliferan en estos tiempos. Pese a ello, el personal interno de las empresas no cree en su honestidad, y en reserva los llaman “gerentes de mentiras.”

     Comentando el tema con un discípulo mío en ciencias de la comunicación, tuvimos este diálogo:

- ¿Los gobiernos tienen también sus gerentes de mentiras?

- Realmente no lo sé. Ellos no tienen gerentes, tienen ministros.

CARTA NUNCUPATORIA AL SEÑOR PRESIDENTE

CARTA NUNCUPATORIA AL SEÑOR PRESIDENTE

Excelentísimo y dignísimo Señor Presidente:

 

     Osada parecería mi determinación de escribirle esta carta, Excelentísimo Señor, en mi condición de humilde integrante de su aclamado Partido y  ferviente admirador de su excelsa personalidad, si no me permitiera explicarle que lo hago por la contributiva voluntad de dedicarle el modesto homenaje de mi libro intitulado  De la mano con los gloriosos.

      Abroquelado en el escudo de mi modestia, Excelentísimo Señor, jamás habría pasado por mi mente la temeraria idea de dedicar este ínfimo fruto de mi inspiración al más preclaro, ilustre y  magnánimo de los prohombres de nuestra historia, si no hubiera mediado la insistencia de algunos de los admiradores de su Magnífica Excelencia, con quienes comparto mi permanente reverencia de considerarlo un legítimo fundador de la Patria.

     Sería injusto no mencionar que otro motivo patriótico se ha sumado al anterior, como lo es el de enfrentar por este medio a los irrespetuosos autores de libelos y páginas clandestinas contra nuestro Partido y sus dignísimos miembros, abusando de la libertad de expresión que nuestra Constitución otorga y Su Excelencia garantiza contra todo viento y marea, incluso al gravoso precio de la difamación y la injuria vergonzosa, sin consideración ni respeto alguno por el mayor y más honorable ciudadano del país, incluidos los integrantes de su decorosa familia, su digna señora esposa, nuestra estrella y guía, y sus brillantes hijos e hijas, todos ellos no menos merecedores de nuestro encomio y alabanza por su sacrificada misión de apoyarlo,  sin amilanarse por los improperios despectivos y las diabólicas maldiciones, que nuestra sacra religión repudia y  castiga. Caiga sobre estos réprobos el condigno castigo divino y las llamas del infierno los acojan en su momento como manifestación de la gran justicia escatológica o sea de ultratumba.

     No he de ser precisamente yo quien se preste con su inacción a la propagación de infamias contra la sublimidad de su excelsa persona, dispuesto como estoy y he estado siempre a entregar hasta mi propia salud y la de mis seres amados a la causa más justa que se ha presentado en el horizonte de nuestra patria. No me cabe duda de que con el nombre solo de nuestro esclarecido Señor Presidente estampado en el prefacio del volumen, nadie osará presentarme batalla por la insuficiencia de su valor cívico en las luchas populares y la ineficacia de su tradicional y nefasto hábito de batallar con las lenguas y no con los pechos, o como se dice desde tiempos inmemoriales, tirar la piedra y esconder la mano. ¿Quién se animará a atropellar mi honor si me cubre el arco iris de su esplendente figura?

     Mi entusiasmo por ver publicada mi primera obra bajo el patrocinio de su Eminencia no alcanza a confundir mi ánimo y  pensar que nuestro Primer Magistrado disponga del tiempo libre necesario para leer en detalle las doscientas cincuenta páginas impresas que componen el libro que ahora saco a luz, pretensión altamente esperanzada de mi espíritu y el de cualquier otro artista de este país, sobre todo cuando dicho gobernante no se permite ni siquiera el merecido reposo compensador de sus agotadoras jornadas de trabajo en el ejercicio de la noble misión de engrandecer a la Patria.

      Por esta razón es que me permito encarecer esta inefable distinción de Su Excelencia, no como una pretensión egoísta de este ínfimo ciudadano, el último quizás en merecimientos entre los millones que pueblan este maravilloso país, sino como una gracia estelar proveniente de los inescrutables cielos superiores.

     Ojalá mis dioses me hubieran otorgado la portentosa ciencia y grave erudición que trasuntan los discursos de Su Señoría, tanto los que versan sobre economía como los que se refieren a la justicia social,  con los cuales no osaría cotejar mis pobres lucubraciones líricas. Para reverenciar la gloria del señor Presidente,  he compuesto una paráfrasis del  numen esclarecedor de todo artista, don Miguel  de Cervantes Saavedra, y que en mi versión nacional reza: “¡Dichosa edad nuestra y dichoso nuestro país, de donde han surgido a luz las famosas hazañas de nuestro gran Presidente, dignas de fundirse en bronce, esculpirse en mármol, pintarse en cuadros y carteles  y difundirse por todo el orbe, para memoria del futuro!”    

     Su imponente estampa de vencedor en cuantas lides políticas y sociales han acaecido en nuestra tierra es respetada en todo el orbe, con gran envidia de los microscópicos adversarios que dándose cuenta de la bajeza de su pensamiento, encauzan  su resentimiento en susurrados y viles improperios. ¿Quién podría dudar que al amparo de tan insuperable triunfador, justamente amado y obedecido por su pueblo, el volumen de un leal servidor como lo soy, fuera otra cosa que una ratificación de los ideales de un devoto acólito?                                                                                                                                                                                                                                                

     Impertinente y fatigosa sería esta carta dedicatoria si me alargara más en otros detalles, por lo que me allano a las ventajas de la brevedad.

      Ruego y encarezco al Excelentísimo Señor Presidente se sirva aceptar con su reconocida benignidad esta epístola nuncupatoria al modo de los más ilustrados reyes y monarcas de los tiempos pasados, que no han desestimado su amparo a obras como la que presento en su honor y a favor del adoctrinamiento de su nuestro pueblo, y me estimule a tomar la pluma para otras empresas posteriores, sin desmedro de cualquier otra comisión que Su Excelencia  estime conveniente otorgarme, sea en nuestro bienamado país como la Academia de la Lengua o en cualquier otro remoto y nostálgico destino, como la UNESCO en París, sin importar la jerarquía o dignidad de la posición asignada, desde la más difícil y encumbrada hasta la más anónima y humilde, en las cuales pondría a su total disposición  mi inquebrantable e incondicional admiración por el Supremo Conductor que la providencia nos ha enviado para gloria de la nación en este siglo y los venideros.

      Incompleta quedaría esta epístola de amor y buena voluntad, que tributo a sus pies,  si no incluyera en ella mis infinitos votos de prosperidad, salud y felicidad para su digna y honorable familia , que la bendición de los cielos nos ha permitido incorporar a nuestra historia con equivalentes virtudes y patriotismo.

      Su afectísimo, incólume y devoto servidor,

                                                                                                              X.Y.Z.

CONSEJO A UN LECTOR CONFUNDIDO

CONSEJO A UN LECTOR CONFUNDIDO

         ¿Quién te ha dicho que el Quijote es aburrido? Si lo hubieras leído con paciencia y humildad respetaría tu dictamen, pero sé que no eres afecto a la lectura y te conformas con las solapas del libro o algunas páginas hojeadas.

          Nadie te obliga a leer si las bellas letras no te conmueven. No cometas la imprudencia de perturbar tu juicio posando tu mirada sobre signos que te son extraños. Una página necia no se convierte en literaria por estar impresa, como un guijarro del desierto no se transforma en esmeralda porque lo pinten con esmalte.

          Los saltimbanquis se ganan la vida haciendo bailar un oso al son de la pandereta y algunos inexpertos lo hacen escribiendo necedades.  Un oso no es un cisne ni un guijarro una gema preciosa.  El arte es arte y no otra cosa. Así ha sido desde milenios y continuará siéndolo hasta el fin de los tiempos.

          Por favor, no digas que Góngora es un ángel de las tinieblas porque desconoces la naturaleza de la metáfora, ni inculpes a Borges de incomprensible porque tú no lo entiendes. Nada perderás con ser humilde y reconocer que tú eres quien no puede acceder a su mentalidad por tus deficiencias propias. ¿Desafiarías a Newton afirmando que sus descubrimientos cósmicos sobre la gravedad del sistema solar son erróneas?

          Pero si no puedes reprimir tu arrogancia o si tu rebeldía intelectual trastorna tu lucidez, espera como el ave Fénix a que en el  futuro renacimiento de tus cenizas los dioses sean generosos contigo y te prodiguen más humildad espiritual

UTILIDAD DE LA ROSA

UTILIDAD DE LA ROSA


       Nadie sabe para qué ha sido creada la rosa. Yo tampoco. Según unos lo ha sido para embellecer la naturaleza o según otros para que los enamorados puedan disponer de un símbolo de amor para obsequiar a sus amadas. Sin duda es el obsequio más aceptable y seguro que se puede ofrendar al prójimo, no sólo por la hermosura  que ostenta en sí misma  sino además por el símbolo que representa, el amor, lo mismo el amor a la madre que el enamoramiento de la princesa.

     

        No faltan los pensadores burlones que han degradado su destino adjudicándole el miserable fin de pinchar los dedos de los jardineros irreverentes que trabajen con ella sin el respeto debido, y todavía peor, quienes la degradan a servir de alimento a las hormigas.

    

       Tampoco los escritores y artistas filósofos la han dejado pasar a su vera sin ofrecerles su piropo.

    

      Sin discusión es la flor más recurrida en la literatura. Tal vez sea la flor que se da en el Paraíso a los que han pasado por allí como prueba de su tránsito. La han empleado los rosacruces en sustitución de la efigie de Jesucristo clavado en la cruz. Rosa mística dicen los católicos de la Virgen María. Es realmente bella como una puesta de sol y fragante como el cadáver de los santos. Es bella sin darse cuenta de que lo es, es la refutación de los incrédulos estéticos.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              

         Yo me atrevería a añadir otras dos utilidades de la rosa. Una, para que los hombres vanos decidan si es mejor discutir sobre su finalidad o embelezarse con su figura y aspirar su aroma. Esto es, humillar a los presumidos que se consideran sabios: ¿pueden  escuchar el sonido de un pétalo rosa arrojado a un valle desde la cumbre de la montaña? ¿No?  Sin embargo el sonido existe.

    

         La otra, para desafiar a los poetas a escribir un verso superior a los ya existentes sobre ella. Yo me defino por uno en español, de Francisco Villaespesa, la rosa arrojada al mar, su lecho de muerte:

                      

                                                   En féretros de espuma, cadáveres de rosas.

 

CIENCIAS FALTANTES

CIENCIAS FALTANTES

 

     Hasta ahora los lingüistas reparten sus estudios en unas 50 ciencias particulares: neurolinguística, lingüística pragmática, etimología, filología,  semiología, fonética, etcétera. La medicina se reparte en múltiples ciencias, cada una con su objetivo y métodos propios: anatomía, oftalmología, gastroenterología, neumología, ginecología, neonatología y así otras 50 o 100. La deducción es sencilla: cuanto más avanza el conocimiento humano, más ciencias se crean. No he de ser yo, pues, quien emprenda la  necedad de contar todas las ciencias existentes en el orbe.

     En mi provinciana opinión hay sin embargo hay algunas otras que deberían crearse con urgencia, para bien de la humanidad. Tengo pensadas unas 20 faltantes, pero para no inspirar la idea de que soy un pedante pernicioso, sólo explicitaré tres.

     Empezaré por la que propondría  llamar “discriminología”(del latín discrimen, distancia, separación, diferencia), ciencia que estudie el intrincado tema de la exclusión de una persona o cosa de algún ámbito. ¿No permitir a un inválido nadar en una piscina es discriminarlo? ¿No vender bebidas a un beodo es discriminarlo?  Cuando estaba en mi condición de profesor en el comedor de una universidad de cuyo nombre no quiero acordarme, entró un estudiante deforme, giré mi cabeza hacia otro lado para que no se sintiera observado, pero me preguntó ofendido “¿Por qué no me mira, porque soy deforme?” y me denunció al decano por discriminación. Esa misma semana, entró una muchacha bonitilla y coqueta. Todos los presentes giraron sus cabezas para admirarla, menos yo que estaba enfrascado en la lectura de un libro. Se me acercó entonces y casi enfurecida me recriminó: “¿Y usted, por qué no me mira? ¿Tal vez porque soy bonita? Yo tengo derecho a que me admiren. Lo denunciaré al decano por discriminación visual.” Y me denunció. Ahora trabajo en la biblioteca universitaria, donde por lo menos los libros son mudos y no cojean ni balancean sus cuerpos al caminar.

     La segunda ciencia faltante sería la “plutología” (del griego plutos, riqueza y logos, discurso, ciencia). No sería lo mismo que la economía, sino un análisis de las técnicas y métodos de enriquecerse, sumamente necesarios para defenderse en estos tiempos en que la globalización tiene dominados los métodos para empobrecernos. Un vecino mío me decía a propósito de mi idea, que la forma más directa y sencilla de llegar a amasar una fortuna es acercarse a los millonarios y meterles la mano en los bolsillos cuando están dormidos. Un dirigente político expresó a sus amigos íntimos que el método más seguro es tocar la guitarra con la mano izquierda y gobernar con la derecha. ¿Quién me votaría si digo lo que pienso?

     Yo no comparto esta forma de pensar porque tengo acostumbrado mi estómago a no dolerme cuando está vacío. Me preocupan, en cambio, los aspectos técnicos y especulativos de la riqueza. Por ejemplo, cuántos millones se deben tener para ingresar en el Million Club ruso, o cuántos millones se deben tener para estar satisfecho. Conforme tengo leído, los millonarios consultados afirmaron en su mayoría que con el doble de lo que  tienen.

      La tercera ciencia, y concluyo, sería la “grupología”( del español grupo y éste del  italiano gruppo, pluralidad de seres  o cosas que forman un conjunto). La Real Academia de la Lengua, tan minuciosa y precisa en su diccionario oficial, menciona únicamente algunas pocas clases de grupos, los grupos de presión, de trabajo, electrógenos y sanguíneos. Sin pretender enmendarle la plana, yo agregaría otros. Se hace necesario fijar un canon normativo que distinga y precise con propiedad los muchísimos vocablos que se usan equívocamente. Probablemente esta nueva ciencia tendría que estar integrada por politólogos, sociólogos, economistas, semantistas y algún especialista más. Su misión fundamental consistiría en establecer los límites entre grupo, grupúsculo, asamblea, conjunto, clase, masa, multitud, sindicato, federación, confederación, audiencia, concejo, mitin, compañía, banda, pandilla, piquete, representación. ¿Cuántas personas se necesitan para constituir un grupo? ¿Dos personas forman un grupo? ¿Un padre y un hijo, un esposo y una esposa, dos hermanos, son grupos? ¿Cuántas son necesarias para asumir una representatividad?

     No puedo ocultar mi preocupación. Al paso que vamos, puede llegar el momento en que una sola persona constituya un grupo, lo que equivaldría a decir que el género humano está compuesto por 6.000.000.000 de grupos.

PONERLO A MORIR

PONERLO A MORIR

    Los asesinos tienen dos dificultades en el ejercicio de su oficio. El primero es el de hacer desaparecer el cuerpo de la víctima, puesto que mientras no aparece un cadáver no hay crimen. El segundo es el de hacer desaparecer el arma empleada, que permite rastrear científicamente al culpable. Este último riesgo ha sido superado con el empleo de cuchillos y objetos punzantes, que no dejan rastro como los proyectiles de armas de fuego que la técnica balística permite conducir hasta el criminal.

     En su esencia, el ser humano se las ha ingeniado a través de la historia para matar sin  cometer un crimen, como cuando una ley del Estado lo ordena, y los verdugos son meros cumplidores de una orden y no los culpables. Así sucede con el recurso de la silla eléctrica, la cámara de gas, la horca, la guillotina o el fusilamiento, que continúan empleándose en nuestros tiempos. Los modernos, sin embargo, que hacemos las cosas mucho mejor que nuestros antecesores, las hemos perfeccionado con la publicidad y la presencia de testigos oculares, para que sirva de prueba para el resto de la comunidad y de escarmiento y advertencia para los propensos a la imitación.

     Tampoco ha de creerse que los modernos somos tan excelentes que todo lo hacemos mejor que nuestros antepasados. Lo que sucede es que con el avance de la tecnología el  asesinato puede seguir practicándose sin necesidad de matar directamente, mediante el recurso de no matar sino de “poner a morir” al enemigo.  Este propósito registra varios antecedentes en la historia humana. Yo, que anteayer me puse a llorar porque había pisado por inadvertencia la patita trasera izquierda de mi perrita, no estoy lógicamente habilitado para escribir sobre la pena de muerte, pero también creo que por haberla estudiado en códices, manuscritos, tablillas cuneiformes, papiros e inscripciones pétreas, algo de mi propia cosecha debería transmitirles a mis semejantes para disuadirlos de sus impulsos de limpiar el mundo.   

      Me explico. Me interesé por este tema con una salvedad: no inmiscuirme en el aspecto ético, filosófico o teológico de matar al prójimo, que tantos debates ha suscitado a través del tiempo. Para eso están los moralistas, los filósofos y los teólogos. Las opiniones de los juristas tampoco me han interesado, pues ellos se han preocupado más por la posibilidad de que el tribunal se equivoque y se ajusticie a un inocente sin reparación posible antes que por la muerte del reo en sí misma. Mucho menos he tenido en cuenta las especulaciones de los economistas que han llegado a la conclusión de que siendo inevitable el castigo de los criminales, los pueblos primitivos y las naciones pobres debieron buscar procedimientos expeditivos y económicos, como la lapidación o apedreamiento, la anegación en agua dentro de un saco cosido y cargado de piedras, el despeñamiento de los condenados desde una montaña, el desollamiento de la cabellera, el desmembramiento del reo por caballos atados a los brazos y piernas, y el colgamiento. Por terror funerario personal corto aquí la lista de métodos de ajusticiamiento inventados por los seres humanos para cobrarse las deudas de los criminales. De alguna manera, todos los citados incluyen la idea básica de matar.

     Pero dado que no sería justo ni equitativo omitir pueblo alguno por escrúpulos patrióticos, no puedo dejar de traer a la memoria a los argentinos del siglo XIX. En los fortines de fronteras amarraban en el suelo cara arriba los condenados, indios y criminales propios, transfiriendo así la responsabilidad de la ejecución a las hormigas, víboras, caranchos y demás depredadores. El recurso era efectivo y sin costo económico, pero tenía el inconveniente de ser demasiado ruidoso por la mezcla de chillidos, gritos de dolor, alaridos, graznidos de los buitres, rugidos de los pumas y ladridos de los perros carroneros.

     En esto de matar sin matar, los italianos aportaron su cuota con la invención de la ergástula, ahora suprimida. Tenía la ventaja de que la eliminación del condenado se efectuaba sin el pago de estipendios a verdugos y de que además escondía la visión horrorífica de la muerte. Encerrado en un calabozo tenebroso, no veía jamás a sus guardianes quienes le pasaban por una ventanilla únicamente pan y agua, no recibía visitas ni siquiera sacerdotales, no podía hablar, cantar ni proferir sonido alguno, y si quebrantaba alguna de estas reglas, se lo encerraba en una camisa de fuerza. El condenado perdía el sentido del tiempo y el suplicio culminaba en la pérdida de la razón y la muerte.                                                                              

     Mis lecturas me han permitido obtener algunas conclusiones que no me animo a precisar. Sólo diré que de ellas he inferido la frase “ponerlo a morir”, que consiste en no matar directamente al reo, sino ponerlo en situación de que se muera por su cuenta. Se ajusta convenientemente a la hipocresía humana.

     Comentando mi frase con el teólogo holandés Soren Geiger-Wulf, no se mostró sorprendido en modo alguno. Al no apreciar en su rostro ninguna señal de rechazo ni de aprobación, lo miré con ojos escrutadores y obtuve de él esta respuesta:   

     - ¿Y no ha pensado usted que ni asesinándolo ni poniéndolo a morir se puede matar a un hombre? Sólo puede cambiarlo de lugar.

INFINITO CHICO E INFINITO GRANDE

INFINITO CHICO E INFINITO GRANDE

     Hasta ahora la mayoría de los mortales habíamos creído que el infinito era lo más grande que había en la creación, pero ahora nos hemos dado cuenta de que también hay otro, un infinito chico. Conforme al origen de la palabra latina, infinito es aquello que no tiene fin (in-finitus) de manera que si nos pusiéramos a viajar por él nunca llegaríamos al final. Este concepto encierra muchísimo problemas que los hombres de ciencia no están en condiciones de resolver, como por ejemplo que el hombre necesitaría millones y millones de años en viajar hacia él sin llegar y se moriría en el camino porque no le alcanzarían sus años de vida o no podría transportar en su nave los alimentos suficientes o los remedios para sus enfermedades futuras. Con esto basta para comprender que la inteligencia humana es impotente para imaginárselo y mucho más para recorrerlo. A este infinito me refiero cuando hablo de un infinito grande.

     Pero en nuestros días con el progreso científico se ha descubierto que también existe un infinito que tampoco podemos recorrer ni imaginar, porque no estamos en condiciones de internarnos en él. Somos más grandes que ese infinito y no tenemos forma de achicarnos y viajar por dentro de él. A ese infinito lo denomino infinito chico.

     La consecuencia lógica de lo expuesto es que los seres humanos somos finitos en nuestros cuerpos, empezamos y terminamos en algún lugar, dado que si así no fuera, constituiríamos otro infinito entre dos infinitos, lo cual es tan absurdo que ni siquiera podemos pensarlo. Únicamente podemos razonar pensar que somos un finito entre dos infinitos, por ambas puntas.

     ¡Qué le vamos a hacer! O somos de inteligencia limitada o la Creación no es comprensible para nuestro razonamiento.    

MILLONARIOS DEL MUNDO, UNÍOS

MILLONARIOS DEL MUNDO, UNÍOS

 

     Hoy al despertarme sentí pasos frente a la puerta de mi departamento y me acerqué para averiguar si alguien deseaba hablar conmigo. Encontré un sobre que alguien había deslizado subrepticiamente por el piso y decía en su cubierta: “Millonarios del mundo, uníos”, sin firma. Era una carta cuyo contenido es tan sorpresivo, que no vacilo en transcribirla.

   “Hermanos del mundo, una confabulación siniestra trata de apoderarse de nuestros bienes y debemos reaccionar sin pérdida de tiempo. No sé a cuánto asciende su fortuna, pero la mía asciende a los moderados límites de dos millones de dólares, otros dos en euros, un yate en una marina de Miami, dos automóviles deportivos europeos en la Argentina, 88 mexicanos de oro depositados en una cuenta numerada en Suiza, una residencia veraniega en los Alpes y otra para invierno en las Baleares, y un seguro de vida por 2.500.000 dólares en una compañía de Luxemburgo. Los he reunido a costa de sacrificios durante muchos años y alguna que otra afortunada inversión financiera, sin dañar ni robar a nadie. ¿Qué hemos hecho usted, yo y otros mortales para que los pobres quieran apoderarse de nuestra propiedad?

     Si tuviera que repartirlos forzadamente entre los 3.000.000 de pobres del mundo, no creo que le toque a cada uno más de unos centavos. No es culpa mía que en el mundo unos humanos tengan más dinero que otros, yo no soy el responsable de esta distribución y por lo tanto no es justo que nadie pretenda quedarse con parte de lo mío. Ni siquiera se transformarían en ricos felices quitándoles sus fortunas a Rothschild, Vanderblit, Morgan, Rockefeller, Bill Gates y algunos otros. No sería suficiente dinero para darles una casa, alimento, estudios, asistencia médica y vacaciones a quienes no los tienen todavía.     

     La Madre Teresa de Calcuta nos legó su pensamiento de que lo que más necesitan los pobres y los enfermos no es dinero, ni techo, ni alimentos, sino el tesoro de saberse amados por los demás. Y yo francamente los amo aunque no haga demostraciones ostentosas. Ningún daño me han hecho a mí los pobres, ni yo nada ellos. Estamos a mano, con la diferencia de que yo tengo algunos bienes y ellos ninguna. Según tengo entendido, ser rico no es un pecado, porque  en ese caso no habría ricos en el Paraíso. Jesucristo no nos mandó ser pobres, aunque él vivió entre ellos. Cuando se refirió en las bienaventuranzas a los pobres se refería a los “pobres de espíritu” y no a los pobres de dinero. Si bien no soy un experto en materia de religiones, entiendo que en ellas la pobreza de dinero no es tema de sus preocupaciones, porque su objeto es la reunión del hombre con la divinidad después de la muerte, y no la cuenta en los bancos. Tampoco creo que a la puerta de la eternidad haya un contador revisando una copia de las cuentas bancarias.

     Tampoco me resisto a transmitir mi experiencia en la adquisición de riqueza a los pobres. Ésa será mi colaboración y mi demostración de amor. Algunos pensarán que es una meta difícil de lograr, pero no es así. La cuestión es reunir al principio la suma de 950.000 dólares y los restantes 50.000 hasta ser millonario vendrán automáticamente.

    Pero existe otra fórmula más sencilla y respetable todavía que consiste en casarse con una millonaria. El único trabajo requerido es hacerle creer a ella que usted la ama, obstáculo que se sortea si el hombre es ya millonario y desea cambiar moneda por belleza.

     Un filósofo de extravagante comportamiento como Bertrand Russell tuvo sus fórmulas propias para conquistar la felicidad. Dijo poco de la riqueza y no la fustigó. La incluyó naturalmente en un conocido párrafo: “El hombre feliz es el que vive objetivamente, el que tiene afectos libres y se interesa en cosas de importancia, el que asegura su felicidad gracias a esos afectos e intereses…” (La conquista de la felicidad, cap. XVII). Con esto está todo dicho, y mucho más todavía si se junta esta idea con la pareja de que no hay razón alguna para creerse pecador: “Un hombre de buena constitución  que hereda una fortuna considerable, goza de buena salud y tiene gustos sencillos, puede llevar una vida deliciosa y asombrarse de que se hable tanto acerca de esto. 

     A partir de estas menciones expresas puede el lector escoger entre un espectro de opciones, acompañar el pobre y al enfermo y hacerlo gozar de nuestra compañía, juntar los primeros 950 millones de dólares y dejar que los demás vengan solos por su cuenta, casarse con una mujer o un hombre rico, o despreocuparse de los pobres, no sentirse culpable por la riqueza y aprovecharse de ella si se la tiene.                                                                                                                                                                                     

     Confío en que a esta altura del artículo, el lector se habrá dado cuenta de que el título de este ensayo es festivo y paródico, y no propongo la constitución de ninguna sociedad mundial de millonarios.