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Carlos A. Loprete Ensayos Cortos

PANCHITO EL PALABRERO

PANCHITO EL PALABRERO

 

   Créalo o no la gente, a Panchito lo he creado yo después de descubrir que  una cosa son las palabras y otras muy distintas las personas y los hechos. Me lo imagino vecino de Santiago de Cuba, aunque reconozco que puede encontrárselo en cualquier otro lugar de más de cincuenta mil almas, cantidad necesaria para que surja un ejemplar de sus características, a diferencia del tonto del pueblo para cuyo surgimiento bastan con diez mil.  Por simple curiosidad se me ocurrió buscarle un antecesor entre los chinos, Confucio en particular, pero  no lo encontré, no porque no hubiera mentirosos en ese imperio, sino porque el sabio oriental se especializó en filosofar únicamente acerca de los hombres buenos. Con esto, creo haberle dado a comprender al lector que el “palabrero” no es precisamente un ejemplar benéfico para la humanidad.

     Para conocimiento de mi tipo social, describiré algunas de sus características.  Lo llamo Panchito, en diminutivo, no porque deba ser necesariamente pequeño de cuerpo, sino porque cada vez que ofrece sus servicios se presenta tan cariñoso y afectuoso como un niño para cautivar a su cliente. Una vez que ha elegido a su presa como tigre depredador, espera pacientemente el momento oportuno para dar el salto mortal y atacar a su víctima.      

     Los varios Panchito he encontrado en mi experiencia coinciden en una cualidad, el hábil manejo de las palabras, pero difieren en las demás. Uno de ellos fabrica argumentos para los vendedores. Los vende a 5 dólares la palabra cuando el artículo se ofrece al consumidor hasta 50 dólares, y de allí para arriba, el argumento asciende hasta cien dólares. El gran éxito de este palabrero lo ha constituido el argumentario para vender un vibrador eléctrico que cura todas las dolencias, artritis, artrosis, reumatismos, gastralgias y gastritis, hepatitis, cervicalgias, lumbalgias, equimosis, isquemias cerebrales y cardíacas, trombosis coronarias, torceduras de muñecas y tobillos, digestiones lentas, ciática, psoriasis, en fin, un instrumento que sacude al paciente como una coctelera, le activa la circulación y lo devuelve sano a este mundo.

     Hasta ahora la virtud prodigiosa del aparato parecería estar justificada como el agua de la Fuente de la Eterna Juventud de los antiguos. Pero nuestro palabrero ha inventado un agregado lingüístico que ha hecho subir el precio hasta las nubes. Se trata de un bono que viene incluido en el precio y lo habilita para obtener a la vista un préstamo del Luxemburg Bank  de 20.000 dólares y una tasa del 8% anual, una tarjeta de crédito del South Africa Bank al 7 % anual para adquirir un automóvil deportivo Ferrari en Italia o  un departamento en la Isla de la Palmera en Dubai con un descuento de 15 %. Dicho de otra manera, lo protege con un paraguas antiinflacionario por un lapso de cinco años. ¡El paraíso de los descuentos! Mi amigo el millonario Abu ben Abun  ha adquirido el aparato vibrador. No sé si se ha curado de su ciática, pero en cambio, otro amigo mío, el soplador botellero, Lins do Buzios, se ha quedado con las ganas, porque para adquirir cualquiera de esas preciosuras globalizadas, tendría que soplar tanto aire como para mover todas las nubes de Sudamérica durante dos años.  

     Pero Panchito el Palabrero por algo es palabrero. Sus habilidades fueron apreciadas por varios gobiernos que reclamaron prontamente sus servicios. El de una  provincia norteña  le ofreció de inmediato un contrato secreto, a cualquier precio que fuera, por una serie de textos para los próximos comicios. Usó textos extraídos por Internet de numerosas fuentes, los cortó, copió y pegó, como lo indica la computadora, y se los entregó al mandante. Su principio básico para seleccionar el robo se basó en la frase  “Decidnos cosas agradables y escucharemos”, atribuido a los israelitas por Pascal, y que Panchito modificó en “Diga a sus electores lo que ellos quieren escuchar”. Algunos ejemplos darán una idea del talento usurpador de nuestro héroe:

    - “Si me conceden su voto, ustedes serán gobierno.”

    - “Ni pobres ni ricos, todos iguales.”

    - “Con la democracia se come, se duerme y se vive.”

    - “¿Para qué queremos dólares? Nuestros dólares son el trigo y las vacas.”

    Paso a paso, y sin buscarlo, nuestro Panchito se encontró en la cúspide del palabrerío, y como es natural, perdió el dominio de la situación, se desmandó y reflexionó que si él utilizaba su habilidad para encumbrar a los demás, bien podría utilizarla para encumbrarse a sí mismo. Comenzó por dar equivocados consejos a un gobernador para hacerlo caer hasta que una rebelión lo destituyó por desequilibrio mental. En su repertorio de frases le había hecho decir desatinos de todo tipo:

 

- “Cuando asumí el gobierno era de tarde y sin embargo llovía.”

- “Les digo a mis opositores que siempre que pasa igual, sucede lo mismo.”

     - “Yo pienso en mi pueblo durante las 24 horas y toda la noche.”

    - “Antes de hablar quisiera decir unas palabras.”

    - “No niego ni apruebo, sino todo lo contrario.”   

     - “He viajado por todo el mundo y parte del extranjero.”

     Y como el gobernador mismo lo había dicho, que siempre que pasa igual sucede lo mismo, el pueblo se amotinó, encarceló a su gobernante, lo encerró en un calabozo, le dio una pistola y cinco minutos de plazo para que cumpla la orden “Se suicida o lo matamos” y se retiraron detrás de la puerta para escuchar el resultado, que fue un estampido como era de suponer.

     Probablemente alguien se pregunte para qué habré creado yo este tipo innecesario. Se lo diré. Para que mis semejantes lo guarden en sus memorias y cuando lo vean emerger en el podio político con la frase “Antes de hablar quisiera decirles unas palabras”, lo bajen a tomatazos del estrado.

    Así sea.

ARGUMENTO PARA UNA NOVELA EXITOSA

ARGUMENTO PARA UNA  NOVELA EXITOSA

     En un momento de súbita inspiración, el dios griego del fuego y la fragua, Hefesto,  decidió forjar un Tornillo y su respectiva Tuerca que duraran juntos hasta el fin de los tiempos. En su herrería subterránea oculta en una isla griega rodeada de arrecifes  para que los dioses envidiosos  no le robaran la idea, cinceló con meticulosidad las estrías necesarias en ambos objetos. Cuando concluyó el trabajo lo festejó con una carcajada estentórea, contradiciendo su conocido malhumor. A través de varios siglos permanecieron unidos, hasta que se los robó un cazador de jabalíes disfrazado de pastor.

     La historia perdió el rastro del invento hasta que en el siglo XX reapareció en manos

 del industrial alemán Krupp que los compró a un desconocido para probar si sacaba de la  depresión a su esposa hastiada de los obsequios de brillantes y esmeraldas. Como no consiguió curarla, regaló Tornillo y Tuerca a la médium francesa Prosapia para que los utilizara como anillo mágico en sus sesiones de espiritismo en París. La espiritista pretendió regalarlos al Judío Errante, Ahasverus, con la condición de llevarlos colgados  del cuello como amuleto hasta el fin de los tiempos dada su condición de inmortal. Pero el Judío Errante se negó a aceptar el regalo pues temía otro castigo después de haber sido condenado vagar sin término por haberse burlado de Jesús en el vía crucis del Calvario.

    Enfurecida por este rechazo, arrojó Tornillo y Tuerca por la ventana, que entraron por el parabrisas de un automóvil y fueron a dar en la cabeza de un monje budista japonés, de paseo por la ciudad. El conductor creyó que se trataba de un antepasado transmigrado hasta su purificación final, lo colocó en un altar doméstico debajo de una campana de cristal y se dedicó a adorarlo.      

     Pasados algunos años de veneración en veneración, un día un viento colado por la  rendija de una ventana arrancó una chispa del sahumerio y la casa se incendió, con monje y Tornillo y Tuerca  adentro. Del monje no se sabe si fue a parar a otra reencarnación o al nirvana, pero del Tornillo y anexo consta que de entre los restos del incendio fue encontrado por un bombero que lo escamoteó y lo vendió al conde de Saint Germain, que se decía inmortal también como Ahasverus. El nuevo propietario, desilusionado por la insignificancia arqueológica del objeto, pensó que lo más apropiado para seguir viviendo sin trabajar era vendérselo a un arqueólogo millonario y entró en tratos con Howard Carter, descubridor de la tumba de Tutankhamón, quien pagó  diez mil libras esterlinas convencido de que se trataba de uno de los clavos de la Crucifixión. Quince meses después, amargado por su fracaso, fue a dar en el loquero de la Salpetrière, colgado por los hombros de una armazón para enfermos peligrosos. El Tornillo, por su parte, desapareció en un cajón de basura de Brooklin.

     Enterado por sus espías el presidente norteamericano Harry S. Truman de la fabulosa existencia del Tornillo y la Tuerca, y sumamente sensibilizado por el ataque japonés a Pearl Harbor, ordenó a los agentes de la CIA, que acababa de fundar, que rastrearan por el mundo a ambos adminículos, sospechados de constituir un arma secreta. Los agentes encontraron al Tornillo y lo enterraron en una caja de seguridad contra bombardeos atómicos en Fort Knox, pese a la opinión del físico Julius R. Oppenheimer, quien advirtió sobre posibles irradiaciones. Sin embargo, pese a la teórica inviolabilidad del reducto, el Tornillo despareció.

     Mientras tanto Prosapia era consultada por el dictador venezolano de turno acerca de su futura presidencia del país. Entró en familiaridad con él, lo hizo participar en sus habituales aquelarres de los sábados a medianoche, lo emborrachó, lo despojó de la clave de su cuenta secreta en un Citibank de Suiza y lo hizo asesinar una noche por la Mafia en el casino de Montecarlo. La CIA norteamericana calificó de secreto el destino del Tornillo y nadie supo desde entonces dónde se encontraba. Las cadenas televisivas ABC y CNN, contrataron al agente secreto 007 quien fracasó en sus intentos. En nuestros días dos ciudades se disputan el privilegio de tenerlo en su país, como los restos de Colón reclamados por Sevilla y  Santo Domingo. Las dos ciudades, Miami y Hong Kong, falsificaron el conjunto y lo tienen en exhibición en sendos templetes para incrementar el atractivo turístico.                                                                

     El Judío Errante mantuvo también en reserva la posesión de la Tuerca, pero en un viaje de recreo el avión en que viajaba sufrió una descompresión y debió descender en la isla de Haití. La policía secreta, al revisar a los viajeros en el aeropuerto, encontró a la Tuerca dentro de una bolsita de paño pendiente del cuello y se la quitó. El oficial encargado de la operación se la cambió al sacerdote vudú Damballach por un gallo ritual, quien la colocó en un vaso de cristal, entre borras de café, harina y polvo de ladrillo, y la bautizó con el nombre de Adum para que le rindieran culto. De esta forma, el Tornillo y la Tuerca  se desvanecieron en las brumas de la historia y el sueño de Hefesto no se pudo consumar.

     En Buenos Aires, la capital mundial de las conferencias y las declaraciones, el gobierno  encontró un motivo para organizar la Dirección Nacional por la Recuperación del Patrimonio de Hefesto y ocuparse del tema. No se tienen noticias de sus investigaciones, pero la sociedad estima que sin arqueólogos ni anticuarios ni historiadores, el misterio subsistirá. El Tornillo y la Tuerca permanecerán separados hasta el fin de los tiempos.

     Este argumento para una novela exitosa puede enriquecerse, detalles más, detalles menos, mediante múltiples variantes, sin necesidad de pedir permiso al gobierno de Grecia. Puede, por ejemplo, transformarse en una alegoría del matrimonio moderno denominado pareja, en la que los cónyuges una vez juntos se separan a los seis meses. Otra variante podría ser un elogios del nihilismo (no existe nada bueno ni malo).

     Si el editor considera que a este proyecto le faltan escenas de sexo y de violencia para asegurarse el éxito, el argumento podría enriquecerse  con supuestos amores íntimos entre Prosapia y un sha de Persia, a la que se presta fácilmente la biografía de la médium satánica. En cuanto a los episodios de terror y violencia, pueden incorporarse incidentes de la guerra entre los tutsi y los huti de Rwanda y Burundi, maestros en las artes de matar con salvajismo.

     Pero si aun con estos aditamentos la novela no resultara satisfactoria al editor, podría utilizarse como tema para una película de Hollywood, siempre que se incluyera en el argumento a Superman y al Hombre Araña. Pero habría que apresurarse, no sea que a un cineasta español se le ocurra plagiar este argumento y agregarle unas escenas dialogadas entre Hefesto y el gaucho Martín Fierro para ganar un Latin American Award, según la benévola complacencia de los tribunales norteamericanos.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     

    

PRIMERA Y SEGUNDA VIDA

         “No hay otra vida como la primera”, escribió en su melancólico diario un poeta de palidez mortecina, de esos atribulados que no terminan de arreglar las cuentas con su alma y buscan en el cielo una estrella para confiarle sus penas. ¿Cuál sería la segunda?, me pregunté con estremecida inquietud.

            Si la segunda existencia ocurriera en este mismo mundo que habitamos, la afirmación es absurda y además imposible, porque no se conoce ningún individuo que haya vivido en este planeta una segunda vida sin haberse muerto antes.  

Decididamente, el poeta no estaba en sus cabales o pretendía espantarnos con semejante insensatez escudándose en el pretexto de la poesía, que da para eso y mucho más, olvidándose de que los buenos lectores no confunden un estampido con un balazo. Cambiando los tiempos, podría haber dicho que la lluvia caída hoy es mejor que la que caerá mañana , sin resultado ninguno, puesto que los sensatos tampoco se inmutarían y no irían a comprarse paraguas. La discusión la dejamos para que los inventores de paradojas la  indaguen, como aquellos filósofos medievales que sitiados por los soldados, polemizaban sobre el sexo de los ángeles en  vez de aprestarse a la defensa.

Por vía de hipótesis, si este melancólico pensador de las dos vidas en este planeta  estuviera ahora en una tercera más allá de las nubes, podríamos preguntarle si las dos primeras en este orbe fueron mejores que esa tercera en el transmundo.

Se dice que la famosa médium Eusapia Palladino invocó al poeta quien apareció flotando por los aires envuelto en una sábana blanca:

- Dime, poeta, ¿dónde estás?

-                                                               - No lo sé. Estoy perdido entre nubes y no veo nada.

           - Bueno, pero por lo menos ¿estás mejor que antes aquí?

           - Tampoco lo sé. Sólo escucho voces lejanas que musitan en una lengua que no comprendo. Desde que llegué nadie se ha interesado por mí. Seguiré esperando.

           - ¿Esperando qué?

           - Saber si por estos lados hay también dos vidas, la primera mejor que la segunda.

           - Yo creo que sí, aunque el párroco dice que hay tres, una primera llamada Purgatorio, desde la cual se puede pasar a una segunda mejor llamada Paraíso. Y hay una tercera, la peor, el Infierno, adonde se entra directamente para no salir más.

           - ¿Y qué debo hacer entonces?

           - Quédate un poco más donde estás, yo te volveré a llamar. Hoy es sábado, y a media noche el Señor del Infierno hace una fiesta: aprovecharé la oportunidad para preguntárselo.

           Lamentablemente Eusapia murió a las tres y cuarto de la tarde atropellada por un automóvil y la humanidad se quedó sin saber dónde está ahora el poeta.

PAQUETES DE FELICIDAD

PAQUETES DE FELICIDAD

 

    Los rastreadores de fortuna a cualquier costo, nos inundan cada día con un nuevo invento para sacarnos el poco dinero que nos está quedando en los bolsillos. El que acabo de descubrir hoy es el más ingenioso de todos, aunque no me ilusiono que lo sea por mucho tiempo, así como marcha la globalización.  

     El invento consiste en un conjunto de bienes y servicios –“paquete”- que le sirve al comprador para lograr la felicidad en esta vida. Entre los bienes o cosas materiales, enumera los siguientes.

     Un bulto portátil que puede ser transportado en las espaldas como una mochila, en cuyo interior se guarda una bolsa de dormir, una linterna eléctrica, un brújula, dos sobres de alimentos deshidratados para quince días de subsistencia, seis botellas plásticas de agua y quinientos gramos de pastillas de cloro para purificar la de arroyos o pantanos naturales, un cortaplumas suizo para usos mecánicos múltiples, una caja de fósforos, una linterna y una vela para iluminación, un aparato de radio portátil con sus baterías, un reloj de muñeca, un contador Geiger para radiaciones atómicas, un vaso plástico, un plato de papel ,un cuchillo y un tenedor, un frasco de desinfectante, un sobre con hilo y aguja para coser, quince papeles sanitarios, un estuche con elementos de primeros auxilios y un almanaque. Además, un rollo de papel con cuentos escritos en ambas caras, de autores a su elección, entre ello Mandrake el Mago, Speedy González, Mickey Mouse, El Pato Donald o Popeye the Sailor. Si el comprador no sabe leer, puede llevarse la versión dibujada. Como opcional puede adquirirse un cochecito desplegable p ara bebés, si la adquirente es una mujer.  

     Hasta aquí, una persona cualquiera podría armar el paquete por su propia cuenta adquiriendo los componentes por separado. Lo importante viene después.

     Se trata de los elementos para satisfacer los requerimientos psicológicos, atendidos por listas de preferencias. Una lista de las personas famosas de la localidad que pueden ser raptadas o extorsionadas con amenazas para sacarles rescates superiores a los 500.000 dólares, con indicación precisa del día y hora en que la operación puede efectuarse.

     Otra lista de los jefes políticos susceptibles de ser sobornados y los precios máximos de sus favores, según sean municipales, provinciales o nacionales, con sus números telefónicos privados. Con cada nombre se indican sus debilidades y su nivel de ignorancia, completados con el tratamiento más efectivo en  las negociaciones y el método para regatearles sus pretensiones.   

     La tercera lista no es menos interesante. Incluye los nombres y direcciones femeninos necesarios para otras urgencias, así como el precio máximo de sus servicios. La lista está encabezada por la advertencia de no suscribir ningún documento por un plazo superior a los seis meses.

     -¿Y con esto basta para ser feliz? -se preguntaba un interesado- ¿Sólo 2.000 dólares por tanta cosa?

     - Es el precio justo. Vea que no le estamos ofreciendo la felicidad en el otro mundo. Ésas son palabras mayores y hay que comprarla en otros lados. 

    - No sabría decírselo. Me parece que en algunas sectas religiosas.

    - ¿Cuáles, por ejemplo?

    - Bueno, mi estimado señor, ¿usted cree que si yo supiera todo lo que usted quiere saber estaría vendiendo estos paquetes? Sólo le falta que le pida una gramática y un diccionario para hablar el lenguaje de Dios. Terminemos. O lo compra o lo deja.

     - Disculpe, señor, pero no lo tome a mal. Es que yo he oído decir que hay dos felicidades y no una sola.

     - Si es por eso, yo he oído decir que la felicidad consiste en la ignorancia de la verdad. Lo dijo un poeta que dijo que otro poeta dijo:

                                               Si quieres ser feliz, como me dices,

                                               No analices, muchacho, no analices.

     - En ese caso, mi amigo, yo era feliz sin saberlo. Con eso me basta, y no me hace falta el paquete.

JUSTIFICACIÓN DEL MOSQUITO

JUSTIFICACIÓN DEL MOSQUITO

   No está del todo claro por qué al Creador se le ocurrió fundar los animales. Algunos de ellos están debidamente justificados, mas otros son un misterio indescifrable.

               Entre los justificados debemos contar a los que cumplen un destino nutricio. La vaca nos provee la leche, ese poderoso alimento que nos ayuda crecer, además de la carne  con que reponemos las proteínas de nuestro cuerpo. La gallina, con el auxilio de su cónyuge, produce los huevos y culmina su cooperación ofrendándonos su vida en forma de pechugas, muslos y alas.

               Otras bestias están puestas en la tierra para aliviarnos de las fatigas diarias. El

perro cuida de nuestras casas, bienes y familia, y nos hace compañía en momentos de soledad o de desdicha. El caballo nos permite.transladarnos más allá de la capacidad de nuestras piernas y extender nuestros dominios. El borrico, el mulo y el camello soportan sobre sus lomos las cargas que no aguantan nuestras espaldas

             Pero como no todo es material en este mundo, nuestro espíritu cuenta también con el favor de otros animales: las mariposas regocijan nuestros ojos, los canarios y jilgueros embelesan nuestros oídos, los papagayos no deslumbran con sus atrayentes colores, las palomas reconfortan con su tranquilidad, los cisnes nos enseñan el arte de la elegancia al caminar y el ruiseñor ofrece su imagen a la inspiración de los poetas.

             Incierta es en cambio la función de otros animales, no tanto por lo que son en sí mismos, sino por la interpretación que de su destino hacen los seres humanos. Algunos expertos en zoología piensan que los cocodrilos africanos y los yacarés americanos fueron creados para engullir negros e indios, respectivamente, y mantener de este modo el equilibrio racial en este planeta. A los halcones no se les ha encontrado otra finalidad que la cetrería o caza, a fin de que los reyes, condes y duques no se depriman en sus pétreos castillos, húmedos y oscuros. Los ciervos, en opinión análoga, existen para que no les falte a los cazadores blancos móviles en sus ejercicios de tiro y decoraciones en las paredes de sus moradas.

             Según la teoría de un filósofo belga, el Creador fue tan espléndido y pródigo  en la concesión de libertad a los humanos, que llegó incluso a crear al mono para que los escépticos darwinistas tuvieran argumentos para negar el origen divino del hombre.

              Como se puede apreciar, el asunto es arduo. Encontrar una razón para cada clase de bruto podría ser posible, pero demandaría por lo menos tres o cuatro siglos más de investigación.científica hasta abarcar a los millones de mamíferos, aves, peces e insectos existentes, sin contar con que una infinidad de ellos ni siquiera han sido  aún registrados en los catálogos.

               ¿Pero y el mosquito? He aquí a uno de mis mayores enigmas. Me resisto a creer que esté en el orbe para mantener el paludismo en las zonas cenagosas o para hacer mover como pantallas las colas de los vacunos y sacudirlos de su hastío cósmico.

                En procura de una explicación más satisfactoria he consultado el tema con acreditados científicos, doctores y pensadores. Cero al as. La humanidad sigue sin poder determinar la misión de los mosquitos.

                Sólo me quedaban por consultar los filósofos y decidí ir a los libros. A poco de leerlos, rechacé las opiniones de los agnósticos: si no sabemos se Dios existe, no podemos tampoco saber si Él los creó y muchos menos entonces para qué. Rechacé además la opinión de algunos talmudistas, para los cuales Dios creó a los mosquitos para que en su momento sirvieran de tercera plaga en Egipto y forzaran al Faraón a librar al pueblo hebreo de su cautiverio.

               Similar repulsa me causaron otras teorías excéntricas. Me opongo rotundamente a creer que el minúsculo insecto díptero haya sido puesto en el mundo para humillar al león metiéndose en sus narices y torturándolo a pinchazos (Esopo), o para acomodarse en el cuerno del buey y jactarse de haber arado el campo (“Aramos, dijo el mosquito.”). Alguna vez tendremos que aceptar que Dios hizo el mundo en serio.

               Debo advertir, ante todo, que soy –o por lo menos creo serlo-, un declarado y orgulloso latinista. No ha de sorprender en consecuencia que me proclame un fervoroso entusiasta de la tesis de Virgilio. Como será del conocimiento de todo lector exquisito, el príncipe de los poetas latinos intercaló en una de sus famosas piezas literarias una anécdota que encierra toda una doctrina. Me refiero al conocido culex virgilianus. Un pastor duerme su siesta a la sombra de un árbol, reposando de la fatiga matutina. Una serpiente venenosa. se le acerca para picarlo, cuando notándola un mosquito, clava su aguijón en la piel del rústico y lo despierta. El pastor, sin saber que ha estado de punto de morir, se fastidia por la picazón y mata al mosquito.

               Tengo la sospecha de que el uruguayo Horacio Quiroga se inspiró en el vate latino para escribir uno de sus cuentos. Relata que un hachador de Misiones regresa de su jornada en la selva, y al encontrar en la puerta de su rancho restos de sangre, piensa que el perro que ha dejado en custodia de su hijo al costado de la cama, lo ha mordido. Desesperado, mata al can. Pero instantes después ve a una serpiente ensangrentada muerta a mordiscones en el piso y a su hijo salvo. Esta vez es el perro quien ha pagado con su vida el favor consumado.

                No incurriría yo en la ingenuidad de pensar que en el plan cósmico el mosquito ha sido creado para despertar a pastores durmientes en peligro de muerte o el perro para matar a serpientes a punto de emponzoñar a los párvulos. Dejo el enigma a los científicos y filósofos, y mientras tanto protesto mi ignorancia.

                Pero como he dicho ya que soy un apasionado latinista, comparto la metáfora del poeta Virgilio: el hombre es capaz de matar a su bienhechor.

IGLESIA SE VENDE

IGLESIA SE VENDE

 

 Desde que la memoria existe, hubo cosas vendibles y cosas invendibles. A ninguna madre tradicional le pasó por la cabeza la idea de venderle la leche a su hijo, ni hubo  ningún hombre que le vendiera su limosna a la salida de misa a un mendigo. Pero llegó la globalización y con ella la toxina del negocio. Puesto que todos somos iguales, la obligación moral de dar una moneda al necesitado, obliga recíprocamente al menesteroso a dar a su benefactor algo en cambio, porque de acuerdo al nuevo principio de la justicia, algo por nada es inmoral.

     Por esta razón, el médico requiere honorarios de sus enfermos, el maestro particular pesos por sus enseñanzas y el político votos por las pensiones y jubilaciones graciables que regala. No menos lógica tiene entonces que cada trabajador reciba una retribución por sus servicios. Un ofrecimiento reciente por Internet confirma este aserto. Si un artesano requiere el consiguiente pago por una pulsera de caracoles brasileños, ¿por qué no habría de requerirlo un fabricante de religiones? No hay razón alguna para objetar a Melquíades Brown que ofrezca en venta la suya, la Iglesia Internacional Cósmica, de excepcionales dogmas salvíficos, sanacionales y solucionales. No puede llamarse “secta” porque no está cortada, separada de otra iglesia. Es una creación original de Melquíades Brown.    

     En su ofrecimiento por la Web anticipa algunos datos  de su producto, los más generales, mientras se reserva para las negociaciones reservadas otros pormenores. Dice, por ejemplo, que fundó su Iglesia cuando lo visitó una noche en sueños un ángel o enviado del transmundo terrenal y le entregó un rollo de agua para que lo leyera en cinco minutos, y guardara en su memoria el mensaje, al final de los cuales el agua se evaporaría. El mensaje expresaba “Yo soy Dios. Enseña en mi nombre que estoy viejo  y te traspaso mi Iglesia. Antes de pasar al descanso eterno, visitaré a todos cuantos me invoquen y les mostraré mi Reino.”  

     El aviso publicitario señala las principales características de la Iglesia en venta: los  bienes físicos o materiales y los bienes espirituales, que pueden adquirirse conjuntamente o por partes separadas, a opción del comprador. La denominación,  Iglesia Internacional Cósmica, debe ser comprada aparte, como condición primera e ineludible. La organización no tiene una cabecera mundial única fija y única como Roma, Canterbury, Tel Aviv o Katmandú, sino que es variable y se fija en cada ocasión en el palacio de su fundador, Melquíades Brown, que en este momento reside en California después de haberlo hecho en Angola, Egipto, la India , Canadá y Brasil. Esto es así a causa de que para orar no es necesario estar en un espacio determinado de este planeta porque la conexión cósmica se establece en todas las direcciones. Uno sólo de los templos está excluido y se reserva para los últimos días del fundador y como lugar de peregrinación.

     La lista de bienes materiales de la iglesia incluye un astillero marítimo en Gran Bretaña, una mina de carbón en Polonia, nueve bosques en cinco países de Hispanoamérica, tres hoteles de cinco estrellas en el Caribe, una universidad privada en Holanda, 254 cuadros al óleo de famosos maestros del romanticismo y el impresionismo, una participación en una mina de diamantes en Sudáfrica, cinco diarios de gran circulación en las ciudades de Montevideo, San Pablo, Rótterdam, El Cairo y Copenhague, más una empresa elaboradora de agua gaseosa adquirida en estos últimos días.

     En forma misteriosa circula una versión que valoriza aún más estas propiedades y de la que Melquíades se jacta en privado: están libres de herederos dada su condición de soltero y su dominio puede ser vendido o transferido en cualquier momento. Se comenta en círculos financieros que también sería el propietario de unos nuevos rollos del Mar Muerto, descubiertos por sus ministros, aunque no existen pruebas fehacientes hasta ahora. En el circuito financiero de Wall Street habrían manifestado en secreto su interés por la compra varios multimillonarios, entre ellos un barón de la droga y un magnate de la industria láctea, pero no aceptan sin más ni más la oferta sin ver previamente las escrituras originales. Las rematadoras de obras de arte Sotheby y Christian estarían interesadas en llevar a remate los presuntos rollos del Mar Muerto y la pinacoteca de cuadros, una vez que sus técnicos certifiquen la autenticidad de los mismos.  

     El creador de la iglesia dice ser Obispo Máximo y se hace tratar de Reverendo . Sus adláteres son ministros y se encargan de reclu  n tar a los nuevos fieles. Quienes ingresan    a la iglesia con vocación ministerial, deben hacer donación por escritura ante escribanos  de todos sus bienes, pero pueden retirarse de la iglesia cuando lo deseen. El Reverendo Brown guarda una distancia cautelar con sus cortesanos, excepto con el tesorero, que maneja sus ingresos, egresos y beneficios. Las malas lenguas afirman que se trata de un medio hermano que se habría separado de otra iglesia después de interiorizarse de las técnicas de la doble contabilidad.

      A su inteligencia se debería la preparación del inventario de la Iglesia Internacional Cósmica, que incluye los instrumentos didácticos de difusión, filmes, transparencias, concursos, espectáculos, libros, revistas, cursos, entrevistas domiciliarias, y en especial, las cadenas de oración entre los fieles para sacarlos del sufrimiento, la pobreza, la desocupación, la fractura familiar, la carencia de pareja, y sobre todo, de la enfermedad, cualquiera sea ella, la cirrosis hepática, la anemia maligna, el dengue, el mal de Altzeimer, la malaria, la isquemia cardíaca, el colon irritable, la incontinencia urinaria, sin excluir al dolor de muelas, que no deja de ser también un dolor.

    Los únicos documentos que están fuera de sus manos son las escrituras de los bienes inmuebles y las cuentas bancarias en los paraísos fiscales, administrados personalmente por el Obispo Máximo. Como dice el refrán, no hay astilla mejor que la del propio palo.  Una página infiltrada clandestinamente por algún allegado ha difundido en detalle una reunión entre Brown y un supuesto interesado en la adquisición, que en la filmación con cámara oculta aparece de espaldas y que los expertos de la agencia de espionaje británica  sospecha que se trata de WZX, un productor de leche envasada o de un falso interesado. Trascribirlo en su totalidad es prácticamente imposible por su extensión, pero algunos parlamentos son suficientes:

     - ¿Y cuántos clientes tiene su iglesia?

     - ¿Clientes? Creyentes querrá usted decir.

     -  Lo mismo da, yo compro un negocio y no una religión.

     - Pero mi ofrecimiento dice “abstenerse intermediarios, comisionistas, católicos, protestantes, musulmanes y budistas.” Me imagino que usted no estará comprendido en estas exclusiones.

     - Bueno, dejemos el tema , ¿usted quiere vender o no?

     - Por supuesto que sí, pero los exceptuados no le sirven a su negocio, porque ya tienen su propia fe y no encontrará afiliados entre ellos.

     - Señor Brown, déjeme a mí ese asunto. ¿Cuántos creyentes tiene su iglesia? 

     - 60.128, todos en firme.

     - ¿Y cuál es su precio?

     - Depende de si paga al contado o en 3 anualidades.

     - Pago en 3 cuotas anuales.

     - En ese caso deberá agregar al precio básico un sobreprecio del 20% anual sobre saldos.

     - ¿Y cuál es el precio básico?

     Las voces se apagan en este punto y no las registra la grabación. Lo que resta debe ser agregado por el lector. No agrego mi interpretación para no agraviar el derecho a la

 libertad de pensamiento vigente en el mundo.

OPTIMISTAS Y PESIMISTAS

OPTIMISTAS Y PESIMISTAS

  Ya es hora de que los seres humanos comencemos de una vez a dar a cada palabra de nuestro lenguaje un significado más exacto del que hemos venido valiéndonos. Optimismo y pesimismo son dos de ellas. Si ante la posibilidad de un suceso humano o fenómeno natural indeseado, alguien espera que no sucederá, la tal persona será calificada de optimista. Pero si otra piensa que no sucederá, cargará sobre su persona con la imputación de pesimista.

     Desde un punto de vista psicológico, optimismo y pesimismo son disposiciones de ánimo opuestas, igualmente equiparables en valor, aunque socialmente el pesimista es rechazado. El optimista tiende a verlo todo por el lado bueno y ante la posibilidad de una desgracia dolorosa, piensa que no sucederá y esta actitud es más reconfortante que la contraria. Pero si un vulcanólogo afirma que la masa de lava ardiente descenderá por una depresión de la cuesta y arrasará a determinada población en su camino, ¿diríamos que es un pesimista? Seguramente que no. También creemos que ningún optimista se quedará quieto en el camino, esperando que la masa ígnea se desvíe un minuto antes de llegar a él. En otras palabras, ni el optimista ni el pesimista modifican la realidad, lo que inevitablemente debe suceder en la naturaleza, en la sociedad o en el individuo. Dos escaladores observan a un compañero trepar una empinada cuesta montañosa; el pesimista opina que el alpinista caerá al vacío si continúa su aventura, mientras que el optimista sostiene que no caerá. Si el trepador cae, ¿el pesimista tenía razón?; si no cae, ¿la razón la tenía el optimista?  Categóricamente ninguno de los dos, porque caer o no caer no dependen de las opiniones de los observadores.

     El optimismo es la esperanza de que algo doloroso no suceda y nada más. Los médicos no pueden ser optimistas ni pesimistas, porque saben que a la larga todos los humanos mueren. Para zafar del compromiso moral, delante de un caso de agonía se apartan del pesimismo y del optimismo con su proverbial frase “Ahora está en manos de Dios.” Podrán serlo ante una determinada enfermedad, pero no ante la muerte.

     Desde otro punto de vista, el filosófico, el asunto se interpreta de otra manera. Los cristianos opinan que Dios es el creador (autor) de todo lo existente, omnisciente (lo sabe todo), omnipotente (lo puede todo), eterno (no tiene tiempo) y bondadoso sumo. En consecuencia, al proceder a crear el mundo, hizo el mejor mundo de los posibles, el mundo en que vivimos. No pudo haberse equivocado porque todo lo sabe, no pudo haberlo hecho malo parque es la bondad suma, ni puede haberlo hecho imperfecto porque todo lo puede. Sin embargo, en el mundo que ha creado hay dolor, enfermedad, injusticia, guerra, infortunios, catástrofes, en definitiva,  el mal.

     No intente el lector pasar de estas comprobaciones porque es imposible hacerlo.   No estamos en condición de comparar este mundo real con los otros posibles, porque no los conocemos. Cada individuo pudiera concebirlo a su criterio personal, todo azul y blanco; sin diferencia de lenguas; sin animales; con seres verdes de baja estatura y grandes ojos rasgados negros y sin lenguaje hablado; con cabeza y cuerpo unidos sin cuello y sin brazos ni pies. De todos modos, serían mundos imaginados con nuestra inteligencia humana, que no sabemos si coinciden con la divina.

     En la mente de Dios deben de haber estado todos los mundos posibles, pero como

no podía crear sino sólo uno de ellos, es necesario que alguna razón haya tenido para crear el que habitamos. Por consiguiente, éste es el mejor de los posibles, no sólo para la idea de Dios, sino también para nosotros mismos.

    A todo lo anterior habría que agregar otra dificultad,  tal vez más comprensible. Como no estamos en condiciones de discernir humanamente entre lo bueno y entre lo malo futuro,  pues lo que es bueno para unos es malo para otros visto desde otra perspectiva , no sabríamos ante un futuro previsible cuándo alguien es optimista o pesimista. Ante la inminencia de una fuerte tormenta en un país seco, sería optimista quien la deseara porque los suelos recobrarían la fertilidad, pero también sería optimista quien no la desee porque sería una calamidad agregada. Frente a una persona descerebrada por accidente, el pesimista  consideraría que es malo que deje de existir nuestro pariente o amigo, mientras que el optimista lo consideraría  una felicidad, puesto que el accidentado deja de sufrir.

     En conclusión, los conceptos de optimismo y pesimismo son imprecisos y están supeditados a lo que se considere bueno malo. Una misma ciudad parece distinta según sea desde donde se la mire.

     Desde que al filósofo germano Leibniz se le ocurrió en el siglo XVII inventar la teoría del optimismo hacia 1714 han transcurrido ya unos trescientos años  y todavía los sabios no han resuelto el tema. Y no sería riesgoso conjeturar que nunca lo resolverán.  

Mientras tanto, ¿qué hacer? Sencillamente, lo que su buena conciencia le dicte. Deje las teorías para otra oportunidad, porque el billete de lotería saldrá premiado o no, con prescindencia de si usted es optimista o pesimista.

EL ESCRITOR

EL ESCRITOR

   Dice que quizás ha logrado escribir unas pocas páginas válidas, que ya no son de él sino del mundo del lenguaje. Sostiene  que los dioses no le han conferido el beneficio de la expresión, permitiéndole en cambio alguna que otra vez la mera alusión. Protesta que no escribe para el público y que lo hace únicamente para sus amigos y para mitigar la angustia del tiempo, esa especie torturante de alucinación sin sentido dentro de la cual vivimos. Cree que el universo es un inextricable  laberinto donde la vida se repite infinitamente, de modo que cada uno es él mismo en persona más que el otro universal que carga adentro.

      Pese a los milenarios afanes de los filósofos por desentrañar la clave de la existencia, duda de que todo eso tenga un sentido comprensible, por lo menos por ahora. Se acusa de haber consagrado sus años más a leer y redactar que a vivir, quitándole vida a su vida. Declara que le gustan los relojes de arena, los primores tipográficos, los mapas antiguos, los tigres, las espadas y los juegos mentales con el tiempo y el infinito.

      Desconoce el valor que tengan sus libros, pero se complace en que sus temas sean variados. Reclama el perdón de los colegas si la casualidad lo ha llevado a encontrar un verso feliz, usurpándoles descortésmente la primacía del hallazgo.

      Tamaño ingenio que tenía resultar insoportable para la capacidad humana habitual de envidia. Era previsible entonces (no justo), que los mezquinos simularan desconfiar de esas desacostumbradas confesiones y las declararan falsedades.

     Fue necesario que muriera para que llegara la compensación. Le negaron el premio en vida pero no pudieron hacerlo una vez muerto.

     No le faltó vida a su vida, le sobró.