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Carlos A. Loprete Ensayos Cortos

EL ZOMBI GLOBALIZADO

EL ZOMBI GLOBALIZADO

   A quienes no tuvieran a mano un ejemplar del diccionario de la Real Academia Española sería útil reproducirles la definición que esa organización da del vocablo “zombi”. Es una palabra de origen africano que en Haití se utiliza para designar a un cuerpo humano que ha sido revivido por arte de la brujería, digamos un individuo que lleva dentro de sí un dios de los tantísimos existentes en el cielo vudú, y se comporta de manera extraña y podría ser confundido con un atontado. Describiré uno como ilustrativo.

     Pongámosle un nombre, para identificarlo. Digamos Trou-forban. Cansado de ser pobre y vivir de sufrimiento en sufrimiento, se acerca al santuario de un brujo y le pide que en el plazo de un año pueda montar a caballo y contar su dinero como un gran negro. En compensación por el beneficio, le pagará una importante suma de dinero.  El hechicero le dice que para eso tendrá que enterrarlo por un tiempo, condición que Trou-forban año acepta. El hechicero lo cita para el día siguiente y le da entonces un brebaje a beber. Cuando “resucita” Trou-forban, que ha permanecido en estado cataléptico por un período que no sabe, recuerda que durante ese tiempo de su “muerte” ha gozado de todos los beneficios convenidos, pero que de nuevo ahora en la vida ha perdido totalmente su voluntad, vive adormecido continuamente, y deambula como entontecido por las calles del pueblo, entre calamidad y calamidad. El primero de sus hijos se ha roto el cuello, el segundo tiene una pierna infectada y no puede caminar, el tercero está enfermo en cama minado por una tuberculosis incurable, y el cuarto está detenido por la policía por un crimen grave. Estas desgracias, incluida la muerte de su esposa ocurrida poco después, le han sucedido a Trou-forban como castigo divino por no haber dado limosnas a los pobres durante su muerte. El brujo le promete salvarlo de esas calamidades a cambio de un pago durante ocho años de un estipendio mensual. Pero Trou-forban no está en condiciones de satisfacer ese requerimiento y huye del poblado.  Desde entonces nadie reclama su presencia y quizás prosiga su deambular en un territorio desconocido.

     Los antropólogos europeos que estudian al pueblo haitiano no tienen duda  de que  se trata de un caso de perturbación mental provocado por la pócima intoxicante del supuesto resucitador. Los gobiernos y la Iglesia tienen establecidas cada cual dentro de sus esferas y recursos prohibiciones tajantes. Los gobiernos castigan en sus leyes a los extractores de almas, los hacedores de lluvias, los buscadores de tesoros, los amenazadores y los adivinos. La iglesia católica descalifica todo manipuleo de sus enseñanzas y doctrina, como las falsas aguas benditas, la contaminación de sus creencias con santos inventados, la veneración de espíritus inexistentes, la distorsión de sus sacramentos, las copias deformadas de sus oraciones, el uso de amuletos paganos,

 y otras incontables creencias y prácticas rituales.

     Pese a tantas oposiciones, los voduistas sobreviven en nuestros tiempos en muchos lugares de Europa y América. Un globalizador ha descubierto, por ejemplo, que muchos doloridos del mundo moderno, son presas comerciales fáciles de lograr a través de la publicidad y el pago de servicios favorecedores. Sus ofrecimientos comerciales podrían resumirse en la siguiente pregunta: “¿Por qué no tener un zombi propio? Puede serle útil.”                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

 

RELACIÓN DE UN INDÍGENA ANÓNIMO

RELACIÓN DE UN INDÍGENA ANÓNIMO

Nos reunimos esa noche para discutir cómo nos habíamos de entregar a los invasores. Esto lo hicimos con nuestros caciques y demás capitanes del pueblo. Discutimos los tributos que tendríamos que pagarles a los invasores. Escuchamos las opiniones de los viejos y de los jóvenes. Los ancianos opinaron que habíamos sido derrotados y lo más conveniente era arrojar nuestro oro, nuestras armas e insignias al fondo del río y pagar la derrota con el trabajo personal. Morir era más penoso que ser dominados.

De pronto, un joven indígena, jefe de soldados, se pone de pie y hace sentir su voz estentórea:

-Los españoles nos piden oro, nuestros dioses necesitan nuestra sangre para alimentarse.

Levanta en su mano derecha el escudo y en su izquierda el arco y las flechas, al tiempo que atruena el silencio de la noche con un alarido de guerra. Se ponen de pie otros dos jefes, enseguida otros seis y por fin todo el pueblo.

-Va a entregar su sangre a los dioses -dicen los indígenas entre llantos.

Con el sol desembarcaron los españoles, lo tomaron prisionero, le ataron las manos, lo pusieron frente a los arcabuceros y dispararon por sobre las cabezas de los indios sin tocar a nadie. Únicamente disparaban para asustarlos después del ataque del día anterior. Los proyectiles pasaban por sobre los flecheros arrodillados que no se movieron. Yo no vi flechas porque estaba detrás de un árbol, pero éste fue el modo como terminó nuestro pueblo.

Otros dicen que los extranjeros no tomaron al joven cacique, quien se entregó para que no murieran los indios. Así terminó nuestro pueblo, así fue el final de nuestro reino.

DISCURSO PARA TODA OCACIÓN

DISCURSO PARA TODA OCACIÓN

     Obsequio este discurso sin fines de lucro a políticos, dirigentes obreros de cualquier especialidad, líderes sociales, directores de organizaciones no gubernamentales y toda otra persona que necesite salir de un imprevisto atolladero oratorio.

 

     “Queridos (amados) hermanos (compañeros, amigos, socios, camaradas):

     En primer lugar, buenos días (buenas tardes, buenas noches). Les agradezco de todo corazón el concurrir a esta reunión (asamblea, convocatoria) porque veo en todos y cada uno de ustedes a un hermano clamando justicia y solidaridad. A los hombres de buena voluntad como nosotros, no nos espantan los obstáculos de la vida, ni nos atemorizan los adversarios ni los indiferentes. Somos gente de fe que confía en la verdad y sabe que donde terminan las palabras, comienza la verdad.

    Venimos de hogares donde el trabajo era la obligación de todos los días, donde el sacrificio parecía una fatalidad que no podíamos evitar, donde nuestros padres nos pedían que no abandonáramos la lucha que ellos habían iniciado porque algún día el sol del triunfo brillaría para todos. Debíamos cambiar una sociedad que no nos permitía salir de la pobreza,  que nos pagaba míseras monedas por agotadoras horas de trabajo, que nos castigaba con el despido si nos permitíamos protestar, que se entrometía groseramente en nuestra la intimidad familiar y se reía de nuestros dolores.

    No venimos en busca de venganza, no somos vengativos aunque hemos soportado injusticias de toda clase. Somos gente democrática y pacífica que busca el bienestar y la felicidad de todos, sin rencores ni agresiones, abrimos nuestros brazos a todas las personas sin exclusiones, los invitamos a unirse a nosotros sin preguntarles de qué partido provienen ni a qué raza, religión o clase social pertenece. Sólo les pedimos que nos acompañen con sus corazones abiertos, que se unan a nuestros ideales, a nuestro ideal de una sociedad más justa, más humana, más solidaria.

     No más niños desnutridos, no más pobres con hambre, no más inocentes sin techo durmiendo en las calles, bajo las inclemencias del ardiente sol y el implacable frío, no más desocupados con lágrimas en los ojos reclamando por piedad un lugar de trabajo para poder regresar por la noche a su casa con la frente en alto y el plato de comida ganado con dignidad. .

    Reclamamos un mundo donde nuestras esposas no tengan que salir de sus casas de cartón y lata con el bebé en sus brazos a mendigar de puerta en puerta, donde nuestros hijos puedan ir a la escuela para librarse del flagelo de la ignorancia, donde patrón y obrero se den la mano por la mañana y se saluden al finalizar la jornada de trabajo. No odiamos al rico porque tiene dinero, no basta con tener trabajo y poder atender nuestras necesidades; no rechazamos al inmigrante porque viene de otro país, les agradecemos que trabajen codo a codo con nosotros y los tratamos como a hermanos; no discriminamos a las mujeres porque son de otro sexo: Dios las hizo para compañeras del hombre, y son madres, esposas e hijas nuestras.

     Bienvenidos todos, los abrazamos y les pedimos que no nos abandonen, porque la vida es para todos o no es para ninguno.

     Gracias, muchas gracias, muchísimas gracias.”     

      Al leer este discurso, alguien comentó que era palabra más, palabra menos, lo que todos los dirigentes dicen, a lo que respondió el autor:

     - Por supuesto, por eso es para toda ocasión. ¿Le parece poco?

DESENTERRAR AL SOLDADO DESCONOCIDO

DESENTERRAR AL SOLDADO DESCONOCIDO

  

     A fuerza de escuchar por radio o ver en la televisión los millones de notas sobre  los millones de temas difundidos, cierto quídam francés, ilusionado por la libertad de expresión concedida por los derechos humanos, creyó llegada la oportunidad de ejercitarlos y sacar a relucir su pensamiento. Su interés no era en modo alguno el filosófico de saber quién era él, de dónde venía y hacia dónde marchaba, y muchísimo menos el teológico de demostrar la existencia del Creador. Si bien no era corto de vista, no veía que a los cerdos no se les ofrecen margaritas ni tampoco mamaderas a los leones. Era lo que los italianos denominan un uomo qualunque, un hombre cualquiera.

     Ahora que era libre, no por voluntad providencial de Dios sino por decisión política de las Naciones Unidas en su Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y la Convención  Americana sobre Derechos Humanos (1978), puso en práctica el art. 18 del documento de las Naciones Unidas por el cual “toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión.” Siendo así las cosas, sintió que tenía derecho a opinar sobre una duda que lo aquejaba desde niño, y era ver los restos del Soldado Desconocido enterrado en París.

     Recurrió entonces al gobierno francés para que lo informara sobre el particular, reforzando además su demanda en el art. 27 que le garantizaba el “derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad.” Presentó una solicitud en tal sentido al presidente de Francia, sin recibir respuesta. Pasado un mes, la repitió al ministro de cultura, quien se la pasó a su secretario para que diera turno al pedido, que resultó ser el 27.894, cuatro meses, una semana y tres días en adelante. Cumplido el plazo, el funcionario lo recibió y le requirió para dar curso al pedido el documento de ciudadanía del país, certificado de vacunación antivariólica, licencia para conducir automóviles, cartilla de desinfección mensual de su vivienda, testimonio de pago de sus impuestos y autorización de residencia en el país, en caso de que fuera argelino. Cuatro meses le insumió el citado hombre libre para obtenerlos hasta que por fin fue recibido por un empleado del ministerio.

 -¿Y cuál es su petición, señor ciudadano?

LA DUDA DE HERNÁN

LA DUDA DE HERNÁN

         Hernán Cortés, en su aduar de campaña, dialogaba después del combate con Fray Toribio de Benavente. Venía de matar a cientos de indios en la batalla y su pensamiento no atinaba a resolver su conflicto de conciencia. ¿Había asesinado injustamente a los infieles indígenas que no aceptaban cambiar su idolatría por la fe cristiana o había cumplido con el deber religioso de evangelizar a los paganos? 

   

     -No lo pienses más, Hernán. Dios Nuestro Señor nos prodigará algún día a indios y españoles un lugar donde todos viviremos en paz.            

   

     -¿También a los  indios que cumplen con sus dioses y matan por su fe natural? 

   

     -   Eso creo.

    

     -  Pero tú no has matado y yo sí. 

 

-   Fray Toribio de Benavente,dicho en lengua náhualt Motolinía o el Pobre, murió un 9 de agosto de 1569 en el convento grande de San Francisco, México y fue enterrado al día siguiente. Cortes devolvió su alma un 2 de diciembre de 1547, siendo de sesenta y tres años, en Castilleja de la Cuesta España. Sus huesos se perdieron en América.

      ¿Se habrán reencontrado?

DE LA DOCTA IGNORANCIA

DE LA DOCTA IGNORANCIA

En la ciudad todos leían y escribían. Proliferaban los sabios, estudiosos y hombres de ciencia que forzaban sus mentes para comprender lo que siempre se había considerado incognoscible. Los más perspicaces se desvelaban en nocturnos ajetreos solitarios en sus domicilios y en las bibliotecas públicas tratado de esclarecer la verdad última de las cosas Uno se obstinaba con la laberíntica Metafísica  de Aristóteles intentando interpretar aquello de que el mundo debió de haber tenido necesariamente un creador increado, porque si no fuera así, tendría a su vez que haber sido a su vez creado, y por lo tanto no podía ser Dios.
Otro luchaba con las páginas de Nietzsche tratando de explicarse su teoría del superhombre  y su propuesta de eliminar de la faz de la tierra a los débiles y enfermos en procura de una raza superior. El  de más aquí se desorientaba en el laberinto interminable de silogismos de Santo Tomás sin entender aquello de que en la resurrección del juicio final, los cuerpos estarán íntegros “porque resucitarán en la edad perfecta, sin ninguna pérdida en sus miembros y sin defecto ni corrupción alguna”.
El profesor de filosofía, agobiado por más veinte años invertidos en descifrar las razones de la injusticia en el mundo, sostenía que el mal no existe en el origen del mundo, y que el mal lo hace cada uno a su modo al no responder a la voz de su conciencia.
-¿Pero entonces los malvados tienen una conciencia insuficiente?
- No, la tienen igual que todos. Lo que les falla es la voluntad de hacer el bien.
- ¿Y por qué les falla?
- Algunos le echan la culpa al Diablo. Otros dicen que el Diablo no existe y que     hacemos el mal porque así se vive mejor.
A su vera estaban quienes leían los artículos de las revistas y los diarios, escuchaban la radio y miraban la televisión. En las mesas de café y reuniones  repudiaban la ignorancia de los siglos anteriores. En definitiva, no sabemos nada de nada y lo mismo se vive. Eso piensan casi todos.
- ¿Y quiénes son casi todos?
- Nosotros y los demás inteligentes.
Simplicio sorbía impasible el humo de su habano repantigado en una silla del bar y lo expulsaba ritualmente en volutas anilladas, las piernas estiradas hacia delante y el torso  recostado en el respaldar. Quienes no lo conocieran, podrían haber pensado que se trataba de un sabio universitario. Pero no, era un sastre orgulloso de sus tijeras y sus agujas, sobre todo a partir del momento en que el gobernador le había encomendado el frac de lujo con solapas de raso brilloso. Mientras las volutas merodeaban por sobre su testa, se dispuso a dejar sentada su sabiduría ingénita:
- Y bien, ya que estamos raciocinando de rotundeces implicativamante científicas, me congratularía en conocer la opinión de usted, don Simplicio, sobre la magna creación del universo. ¿Qué hay donde termina el cielo? –intervino un interlocutor.
¡Vaya una pregunta puerperal, o de cajón como se dice vulgarmente!
Donde termina el mundo comienza la nada.
-¿Y dónde termina la nada, qué hay?
- Pues, pues...Otra nada.
- De modo que hay muchas nadas y no una sola. Entonces ¿qué hay donde termina la última nada? –inquirió con curiosidad su interlocutor.
Don Simplicio enmudeció un instante mientras buscaba en su mollera una respuesta docta. Cuando la encontró, la sabiduría ingénita estalló en su boca
- La nadísima, o sea la gran nada mayor.
Genial, genial. Eso es, la nadísima.
Nunca había escuchado eso –terció un camarero de entre el coro que se había    formado en torno.
Don Simplicio consultó su reloj, dio muestras de apuro y pidió permiso para retirarse.   
Hizo ademán de pagar introduciendo una mano en el bolsillo derecho, pero el camarero intervino nuevamente:
De ninguna manera, mi amigo, esta vez paga la casa.
Tanta inteligencia junta se merece nuestro incondicional apoyo. Sin hombres de su  talla, qué sería  de este país.

 

TODO HA SIDO HECHO YA

TODO HA SIDO HECHO YA

 

 

       Nada novedoso le queda al hombre por hacer. Todo ha sido hecho ya. ¿Que un hermano mate a otro? Ahí están Caín y Abel. ¿Qué un rey decapite a su esposa? Ya lo hizo Eduardo VIII de Inglaterra. ¿Que un escritor le robe el tema a un escritor genial? Ahí está Alonso Fernández de Avellaneda y su falso Quijote. ¿Que un blasfemo diga “Yo soy mi propio Dios”? Cientos de ateos lo han creído y dicho.

     De lo bueno podría efectuarse análoga afirmación. ¿Que un acaudalado heredero se desprenda de sus bienes en beneficio de los pobres y se dedique a vivir de la mendicidad? Lo hizo San Francisco de Asís. ¿Que un presidente libere a los esclavos de su país y pague con su vida el precio de su convicción de que todos los hombres son iguales? Antes lo hizo Abraham Lincoln. ¿Que un sabio acepte beber una copa de veneno antes que renegar de su idea de inmortalidad? La historia nos dice que ya lo hizo Sócrates.

 

   El bien y el mal están mezclados en la humanidad, en las instituciones y en cada uno de nosotros y así sucederá hasta el fin de los tiempos. No existen buenos y malos definitivos.  En la mayoría de nosotros la separación aún no se ha hecho y en cualquier momento puede suceder. Aunque desconcierte a nuestra comprensión, el misterio sólo puede aclararse al final. 

 

 

 

UNA VEZ DINOSAURIO

 

 

     En inglés se dice “Una vez dinosaurio, siempre dinosaurio”, y en castellano “Genio y figura hasta la sepultura.” ¿No lo entiende, verdad? Yo tampoco lo entendería si no me hubiera preocupado un poco por la ciencia de las palabras. Se lo explico. Si al traducir una expresión idiomática de una lengua a otra el escritor se atiene estrictamente al texto, al pie de la letra como se dice, la versión castellana de la frase Once dinosaur, ever dinosaur sería la primera, pero si se atiene al significado sería la segunda. Alguien podrá alegar que la castellana no reproduce las mismas palabras de la inglesa, y eso es cierto. Pero otro con no menos razón podrá argumentar que lo que importa no son la traducción de los términos uno por uno sino la signifcación de la expresión, y también su criterio será válido ¿Y  cuál es el sentido de ambas traducciones? Simplemente que una persona es portador a través de su existencia de ciertos rasgos de su personalidad  que no se pueden modificar.

     Si nos trasladamos a la psicología en procura de un esclarecimiento, nos encontraremos con que algunos psicólogos consideran a la personalidad como una evolución en la que confluyen factores biológicos (constitución física, temperamento, sexo, sistema de glándulas internas) y factores relacionales derivados de la inserción del individuo en grupos sociales (familia, clase, profesión, cultura, partido político, religión, etc.). Otros psicólogos, en cambio, sostienen que tradicionalmente la personalidad ha sido interpretada  como una categoría estable pero que en la actualidad se la considera como una categoría variable, que sin embargo no destruye el vínculo unificador de la persona, porque en tal caso provocaría una incoherencia en la conducta y una contradición en su comportamiento social y en su pensamiento que lo convertirían en un individuo imprevisible. O sea, ambas versiones del dinosaurio son inciertas. Afuera con los refranes, las máximas, las sentencias, lo mismo sean inglesas que españolas, o de la lengua que se le ocurra.  

     Después de esta fatigosa disquisición, es justo que le regale algunos ejemplos de lo que ha sucedido con las traducciones de nuestro Martín Fierro.

Aquí me pongo a cantar                                         Incomincio qui a cantare

  al compás de la viguela...                       pizzicando la mandola...

 

 Ici je m’mets a chanter                                    I sit me here to sing my song

 aux accords de ma guitarre...                           To the beat of my old guitar...

 

           Nadie pondría en duda la erudición argentinista y la finura literaria de los traductores Folco Testena, Paul Verdevoye y Walter Owen, respectivamente, pero tampoco creo que alguien se arriesgara a sostener que sus versiones respiran aire argentino. Reaparece otra vez el problema del dinosaurio, sin psicólogo, sociólogo o antropólogo que nos ayude. 

     Para no ser excesivo, un segundo ejemplo basta:

Al que nace barrigón                                 A chi e nato col pancione

  es al ñudo que lo fajen.                              vano e volerlo fasciare.

 

  C’est en vain que l’on  ceinture           “Pot-belly born, puts belts to scorn”,

   cui qu’est ventru de naissance.                         The good old saying goes.

 

        

 En estos versos, Testena y Verdevoye no contaron con un refrán italiano ni francés para su traducción, pero Owen tuvo más fortuna porque se encontró con uno inglés que dice textualmente “el nacido con vientre de olla, se pone cinturones por desdén.”