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Carlos A. Loprete Ensayos Cortos

ERUDICIÓN INSTANTÁNEA

ERUDICIÓN INSTANTÁNEA

          Con el auge de los medios de comunicación, algunas personas de mínimo saber han tropezado con la insalvable urgencia de aparecer en las pantallas de televisión  o de hablar por radio. La falta de preocupación de esos famosos que no concurrieron a  la escuela a su debido tiempo, sugirió al gerente de la editorial Future Books la reparadora iniciativa de lanzar a la venta una serie de libritos de sesenta y dos páginas, simultáneamente en inglés, francés, italiano, alemán y castellano, titulados Guía del simulador. La justificación es esclarecedora. Si uno se siente anímicamente inferior cuando se habla de un tema -aconseja el editor-, la guía lo ayudará a diluir esa horrible impresión y mostrarse tan informado como los hombres cultos.

     La colección es primorosa y económica. Su tamaño permite llevarla en un bolsillo de la chaqueta sin que sobresalga. De esta manera puede ser consultada en situaciones de urgencia, durante un viaje en avión o en el baño de un bar, pongamos por caso. Hasta ahora han aparecido guías de erudición instantánea sobre política, finanzas, economía, diplomacia, música, literatura y artes plásticas, por ser las áreas más necesitadas de sabios, y se anuncian otras próximas sobre psicología, historia, gastronomía, geografía, cine y administración de empresas. No se editará en cambio ninguna de filosofía, según

Johann Christian Meterse, su gerente, por falta de interés en el tema.

     Cada volumen señala con un asterisco al margen * los asuntos de menor importancia,  y con dos asteriscos los de moda ** que la gente deberá conocer como mínimo para impresionar a los oyentes. Sin esta lectura básica el editor no garantiza un resultado satisfactorio. En ningún caso es necesaria la lectura de las obras mencionadas en la guía: basta con recordar sólo los títulos para citarlas y atenerse al comentario que figura en el librito, ya que en esta ventaja radica precisamente la bondad de la nueva serie. El erudito instantáneo deberá aplicar al respecto algunos consejos precautorios que se le especifican, entre ellos uno muy efectivo para discernir si el interlocutor es un interlocutor culto u otro simulador. Si fuera un simulador, deberá evitarse todo debate con expresiones de este tenor: “Comprendo, comprendo”, “Muchas personas tienen esa opinión”, “Sobre gustos no hay disputa” y otras afirmaciones difusas semejantes. Estas fórmulas deben estudiarse de memoria y ser dichas con aire displicente  y concesivo, sin mostrar nerviosidad ni sorpresa. Lo cortés no quita lo valiente. Pisar fuerte sin hacer ruido. Al fin de cuentas, si es un simulador que ha leído también la guía, no se atreverá a desenmascararlo. El mundo es ancho y siempre hay lugar para uno más.

     El manual aporta una lista numerosa de frases que pueden usarse sin riesgo. La máxima y definitivamente segura en cualquier emergencia es “Bueno, es otra interpretación digna de considerarse.”

     El simulador no debe inquietarse si no conoce las lenguas latina y griega, y mucho menos las orientales, dado que es muy probable que su interlocutor tampoco las sepa. En última instancia le queda la solución de salvarse alegando que su interés está centrado en las artes o ciencias modernas, en las de su país de origen. y su pueblo.

     Don Quijote es un tema infaltable en las reuniones cultas, pero basta con saber que es la obra más famosa de la literatura española y tener presente que pese a esta condición no ofrece mayor peligro, porque son escasas las personas del orbe hispánico que la han leído en su integridad. De José Ortega y Gasset (recordar que es un solo escritor y no dos), es inevitable alguna referencia, ya que anticipó hace casi cien años los fenómenos sociales de nuestros días en La rebelión de las masas. Guardar en la memoria su frase “Yo soy yo y mi circunstancia” pues es de gran valor para parecer ilustrado, y mucho más si se la emparienta con la del romano Terencio, “Soy un hombre y nada de lo humano me es ajeno.” Si la conversación sucede en la Argentina, tratar de no comprometerse porque dijo que los  ciudadanos de ese país muestran sólo la periferia del alma y viven defiendiéndose de los extranjeros que no los admiran. 

     Lo más llamativo del librito no es la mención de los autores y los extractos de sus libros más conocidos, sino las recomendaciones prácticas que deben cumplirse para ser aceptado. El aprendiz de erudito necesita concurrir a los cafés literarios, funciones inaugurales de teatro y conferencias. Hacerse ver. Esto es fundamental. Allí se aprenden rápidamente la jerga cultural, los apodos familiares de las personas famosas, su grado de riqueza, y sobre todo, sus intimidades y sus debilidades secretas.  Da prestigio, por ejemplo, referirse a Borges llamándole Georgie, porque hace presumir amistad profunda a aunque no exista ninguna. . Con Neruda debe tenerse especial cuidado pues es el único hispanoamericano que ha recibido dos premios universales, el Nobel y el Lenín,  que no es cosa de soplar y hacer botellas. Debe considerárselo un intocable de la fama.

     Se recomienda la estrategia  de tener averiguados para impresionar a los oyentes algunos juicios breves, contundentes y casi exclamativos sobre algunos autores u obras. En el supuesto de que se mencionara al dramaturgo Arthur Miller, podría exclamarse como al desgaire y sin mirar al rostro del interlocutor “Oh, míster Marilyn Monroe”, o si alguien trajera a cuento a San Francisco de Asís, la sorpresa se provocaría con “Ah, el hermano del lobo.”

     El culto a Bertolt Brecht es inevitable en la erudición instantánea debido a su prestigio entre los intelectuales, aunque no conviene insistir en esta adoración en una sociedad capitalista por su recurrente insistencia en la explotación del hombre por el hombre, la avaricia humana y la exaltación de los barrios pobres. El autor de la Guía sintetiza su pensamiento para precaver al lector:

1.       Los pobres son básicamente buenos en su terrena vulgaridad; los ricos son

 inevitablemente corruptos y decadentes.

2.      La bondad en este mundo criminal es suicida.

3.      Cada persona tiene dos lados, el bueno y el malo.

     La nueva serie ha tenido una sorprendente resonancia en el aspecto comercial. A pesar del silencio de la casa editora hay motivos suficientes para estimar sus ventas en cincuenta mil ejemplares en francés e inglés. Se anuncia, entretanto, el inminente y exitoso  lanzamiento de la versión en español.

     Las esperanzas no parecen injustificadas. La apelación comercial con que se cierra el volumen que comentamos es prometedora y estimulante: “Ahora usted está razonablemente bien equipado  para presentarse con hidalguía entre la gente inadvertida., quienes en su mayor parte son también simuladores a su manera. Buena suerte y mucha simulación..”

EL FIN DEL MUNDO

EL FIN DEL MUNDO

 

 

     Comienzo por aclarar que éste no es tema para ancianos de más de ochenta años, pues en el caso de que vivieran hasta los ciento veinte como los longevos de Uzbekistán, muy probablemente  no los alcanzaría el cataclismo. Y tampoco lo es para los incrédulos que necesitan ver para creer, porque si lo vieran ya sería tarde para convencerse.

     Hace unos 65 millones de años desaparecieron de la superficie terrestre los gigantescos dinosaurios, según afirman los paleontólogos, sin que hasta ahora la más rigurosa ciencia haya podido ofrecer una explicación suficiente. Podrían haberse extinguido por cambios atmosféricos no precisados, aumento del calor solar, glaciación de los continentes, nubes de gases tóxicos, envenenamiento de las aguas, agotamiento de los alimentos disponibles, o incluso por el impacto de meteoritos que la meticulosidad de algún investigador ha llegado a suponer que ocurrió en la región de Yucatán, México. 

     Consecuentes con nuestra naturaleza displicente,  las advertencias de los ecologistas  nos tienen por el momento sin cuidado. Ocurrírseles que un día pueda faltarnos agua incontaminada para beber o que muramos achicharrados  por el recalentamiento de la atmósfera, podría hipotéticamente ocurrir, pero de todos modos sería un asunto de las futuras generaciones.  Para completar este panorama tétrico, han aparecido en nuestros días los astrofísicos para quitarnos la paz interior. Sostienen que el universo se formó hace unos 15.000 millones de años por la explosión inicial de una especie de átomo primigenio cuya materia comenzó a expandirse y enfriarse constituyendo los astros y demás cuerpos estelares. Con el transcurso del tiempo se iniciaría un ciclo de contracción hasta reducirse el universo a un átomo de retorno, con lo cual tendríamos que despedirnos de nuestro mundo.

     Para nuestra tranquilidad, si eso tiene que ocurrir, que ocurra no más. Ni yo, ni mis hijos ni mis contemporáneos lo  veremos. A fuer de sincero, debo decir que no tengo argumentos ni a favor ni en contra. No se puede descreer, irresponsablemente de los hombres de ciencia.  Son personas dignas de nuestro mayor respeto, honorables, aunque a  cada momento modifican sus teorías con nuevas investigaciones y uno se queda al final sin saber dónde está la verdad.

     Yo pienso que el mundo –no el universo-, nuestra tierra, el planeta que habitamos, perecerá algún día por fuego, o sea que se extinguirá en un gran incendio. Me lo imagino así. Un buen día –no podría precisar cuándo-, un brujo indígena hará fuego en un claro de la selva de Mato Grosso (Brasil) haciendo girar entre sus manos un palo de madera dura contra una base de madera blanda y producirá una llamita primero y una fogata después para la danza religiosa de la tribu. Después de cuatro o cinco horas de saltos, alaridos y súplicas a los dioses, los salvajes se entregarán al beberaje hasta caer beodos y rendidos en el suelo. Dormirán, el fuego se propagará a las chozas y de allí de árbol en árbol, de pueblo en pueblo, de continente en continente, hasta abrasar todo el planeta. Esta vez la calamidad será provocada por el hombre y no por la naturaleza, y

en ella morirán sin excepción justos y pecadores.

     No podría explicar de qué modo vino a parar a mi mente esta idea. Si la hubiera soñado no me sorprendería ya que los sueños son caprichosos. Pero no la soñé. Se me ocurrió sin más ni más. Por casualidad llegó a mis manos un texto de mitología guaraní escrito por un erudito alemán, E. Schrader, que desarrollaba una teoría que coincidía casi exactamente con la mía. Ambos habíamos pensado en la destrucción de la tierra por fuego. Nos diferenciaba sin embargo un importante detalle: él era un erudito famoso y  yo un afiebrado lector sin sistema, como si dijéramos un lector anónimo sin antecedentes científicos, un empecinado y antojadizo razonador.

      Comencé entonces con obsesión enfermiza a buscar en catálogos, bibliografías, museos y bibliotecas material de lectura, hasta toparme con un nombre, Curt Nimuendaju, que había publicado un artículo en la Zeitschrif  für Etnologie en 1904 acerca de sus investigaciones sobre los mitos guaraníes. Según me leyó un traductor amigo, ciertas tribus de esa raza viven en una angustia generalizada desde hace más de cien años, y puesto que no han podido localizar el Paraíso terrestre, elevan sus plegarias a los dioses con estas palabras: “¡Padre, haz que esto acabe!”

     Para mí resultaba inconcebible que un pueblo llegara a tal grado de aflicción que clamara por el fin del mundo. Reflexioné que tal vez esos salvajes habrían llevado una vida tan degradante que fuera insoportable.  No pudiendo purificarla, sólo les quedaba la destrucción total como última esperanza.

     Ya he dicho que no soy un hombre de ciencia. Con todo, no renuncio a mi derecho a pensar por cuenta propia. Se me ha ocurrido reflexionar que si todos los seres humanos hemos de morir alguna vez ¿qué más da morir junto con todos en una catástrofe universal que morir solo en un lecho? La muerte, la auténtica muerte, la única posible, es siempre personal, hablando en términos humanos. Así ha sido y así será siempre, para todos los que vivimos todavía y también para los que están esperando nacer. Solos o acompañados, nadie muere por otro.

DISPARATORIO HUMANO

DISPARATORIO HUMANO

 

      Un “disparatorio humano” vendría a ser algo así como un lugar donde estén registrados los disparates pensados y dichos por los seres humanos, como un anuario lo es de los hechos sucedidos en un año. Por supuesto no quiero significar que todos los hombres hayan concebido disparates en su vida, pero sí que esos disparates son productos de las mentes humanas. Pero, a su vez, como sería un disparate pretender registrar todos los disparates imaginados, limitaré mi modesta pretensión a algunos pocos ejemplos.

     Comienzo por aclarar que disparate significa por su origen latino “decir una cosa fuera de razón o regla”, por ejemplo, afirmar que el sol es un carbón grande encendido en el cielo, que los leones tienen su propio dios,  paraíso e infierno, o que las plantas se aman de a dos y se comunican entre sí en un dialecto arameo inaudible a nuestros oídos.

     El gran pretexto de los disparatadores estriba en la frase “A mí me parece que…”, que ya en la antigüedad, hace 2.500 años, los griegos llamaban doxa, vale decir, no la verdad sino lo que cada uno creía que era verdadero. Por lo tanto, era una mera opinión y las opiniones no requieren demostración. Si yo opino que en una competición automovilística un espectador muerte arrollado por un bólido y la culpa es del automóvil, ¿qué tengo que demostrar? Más de uno opina en nuestros días que el responsable de las malas noticias es el cartero.

     Sería muy interesante que con el progreso de las ciencias informáticas un voluntarioso creara una Wikipedia del disparate. Nos espantaríamos de los millones de disparates que decimos los hombres.

     Con gusto yo aportaría por lo menos dos. El primero, “Los hombres inventamos a Dios para que haga el universo, porque de no ser así, no tendríamos lugar para nacer e inventarlo a él.” El segundo, “Los mosquitos no ríen porque tienen siempre sus mandíbulas ocupadas en picar.” Muchas gracias.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

DISCRIMINACIÓN SENSORIAL

DISCRIMINACIÓN SENSORIAL

 

     En otro lugar tengo dicho que es urgente la creación de una nueva ciencia que se ocupe del fenómeno contemporáneo de la discriminación debido a que los jueces carecen de fundamentos para aplicar la ley en ciertos casos. En la ciudad de Mendoza se presentó un enano acusando a un director técnico de básquetbol por negarse a tomarle una prueba para integrar el equipo representativo de la provincia. Un beodo de San Juan solicitó amparo ante la justicia contra el propietario de un restaurante que se negó a  servirle alcohol en esas condiciones. Y en otro caso un estudiante calificado con siete puntos en una prueba, acusó al profesor de haberlo discriminado negándole el acceso a un diez.

     El asunto se presta a toda clase de interpretaciones, a partir del principio aceptado de que “discriminar es dar un trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.” En este etc. radica el origen de asunto. Los otros tres casos no admiten mayormente confusión: negar a un africano el derecho a ingresar a una universidad estatal es discriminación racial, no permitir el ingreso de un judío a un club social abierto es discriminación religiosa, impedir el ejercicio del voto a un adversario con algún pretexto cualquiera es discriminación política. Pero ¿es discriminación no admitir a un terrorista en una organización pacifista? ¿Es discriminación no permitir a un inválido sumergirse en un natatorio?

     Aparte de los tres casos mencionados, hay también una discriminación sensorial, quiero decir que se ha instalado sobre la base de los órganos de los sentidos, la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato. Una pizpireta quinceañera increpó al camarero de un salón de fiesta: “¿Por qué no me mira usted, siendo como soy hermosa? Usted es un discriminador visual.”, y lo demandó ante el propietario del local, quien se vio forzado a despedir al involucrado por temor a una demanda judicial.

     En un concierto musical la cantante puso el grito en el cielo alegando que un asistente se había dormido a propósito para no escucharla, y amenazó con iniciarle un juicio por discriminación auditiva., sin considerar que el imputado era sordo. Más litigioso fue el caso de una comadrona de barrio que acusó a un vecino de no querer darle la mano en un festejo popular y lo demandó por discriminación táctil. El juez interviniente ha dado a la policía orden de captura contra el acusado.

      De discriminación gustativa también se han registrado casos aunque en menor cantidad. El más notorio es el de un árabe que rechazó fumar en  la pipa común o narguile por temor a una infección bucal. “Yo no invito a ninguna persona con piorrea” –dijo fastidiado el anfitrión- y lo demandó ante el juez.

    La discriminación olfativa es la más vergonzante de aplicar y la más difícil de probar porque el juez tendría que olfatear al incriminado para dictar sentencia, tarea poco agradable de por sí, con el agravante que la ciencia no tiene precisado qué olores son agradables y cuáles desagradables. Un caso anterior está aún pendiente de dictamen porque el magistrado se resiste a oler al acusador, muy sucio de apariencia.  

     De ninguna manera me opongo yo al avance de los derechos humanos, pero no miento si digo que estoy espiritual e intelectualmente preparado para enterarme de un individuo que reclame una discriminación por los cinco sentidos juntos. ¿Qué dictaminarían los tribunales si el demandante fuera  un exhibicionista sexual (visual), hediondo (olfativo), tartamudo (auditivo), baboso (gustativo) y llagado (táctil)? Ni los quince jueces  del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya podrían decidirlo.

DESCENDIENTE DE NADIE

DESCENDIENTE DE NADIE

     Siempre había sabido que una vez concluido un juicio, no se podía según la ciencia del derecho volver al pasado y hacer otro juicio sobre el mismo caso. Pero según me informan si se trata de un hecho de lesa humanidad, ahora puede reabrirse cuantas veces convenga. Los delitos de esa naturaleza no prescriben y pueden reabrirse a perpetuidad. Y dado que los humanos nos hemos equivocado alguna vez o hemos actuado conforme a la ley vigente en ese momento, no sería de extrañar que como se la ha modificado en la actualidad volviera a modificarse nuevamente y nos viéramos el día menos pensado detrás de las rejas con un número colgado del pecho o una orden de captura de la Interpol.

     Y si el personaje enjuiciado por segunda vez ha muerto, ¿tendrían que responder por sus delitos sus descendientes? En ese caso, el rey de España sería a partir de ahora el responsable de las matanzas indígenas imputadas a Isabel la Católica y a su cónyuge Fernando de Aragón, durante la Conquista de América. No he podido averiguar si esos juicios han sido iniciados ya, aunque dificulto que prosperen porque en esa eventualidad   no va a quedar soberano en pie en Portugal, Inglaterra, Portugal y Holanda. ¿Se imagina el lector un rey o una reina actuales en una prisión como la de Guantánamo, de máxima seguridad, custodiados por soldados con ametralladoras y visores nocturnos, cercas metálicas coronadas de rollos de alambre de púas y minas explosivas enterradas, encadenados a argollas en el suelo, con los ojos vendados y una hora de aire libre cada veinticuatro? ¡Qué maravilla! Quinientos años de historia congregados en un pabellón, o quizás en dos para no mezclar los monarcas masculinos con los femeninos. Los chiquillos de las escuelas dejarían de torturarse con los nombres y fechas históricas y les bastaría con conocer las noticias de dichos personajes filtradas por Internet. .

     ¿Qué magistrado los enjuiciaría? ¿Un juez español, indígena o de qué nacionalidad? Menudo problema se armaría, no quiero ni pensarlo. Traigo a colación el marinero de la expedición de Pigafetta que recaló en un puerto de la Patagonia en 1520 y mató a dos indios. ¿A quién llamaría a juicio el juez? La Interpol no se animaría a encarcelar al rey de España, ni tampoco lo encontraría porque la policía tendría que pedir permiso al propio rey para entrar en su palacio.

     Debo confesar que me pasé tres o cuatro meses meditando sobre el asunto. Si esta doctrina se aplica con estrictez, al actual rey de España podría iniciársele juicio además por la expulsión en masa de los árabes de su territorio en 1942,  sin contar con las expediciones españolas en África. Con análogo criterio, debería incoársele juicio a la reina de Inglaterra por su política de anexión de la India y las matanzas de indios  -de la India, no de los otros-, y remontándonos en la historia al actual presidente de Siria por la invasión de España encabezada por el árabe Tarik en 1711. El enjuiciamiento no terminaría ahí, pues la serie podría remontarse a Su Santidad el Papa por los delitos de los cruzados y de los templarios en la ruta de Jerusalén. En la línea de estos juicios deberán tener sumo cuidado los propios jueces, pues nadie está exento de contar con un antecesor criminal.

     No sería de extrañar que un acusador de oficio esté buscando antecedentes de los presidentes de Latinoamérica para hacerlos responsables de alguna matanza. En Chile los araucanos podrían enjuiciar al gobierno de esa nación por el exterminio de sus antepasados. Guardamos la esperanza de que en la Argentina no se le ocurra a algún defensor de la lesa humanidad iniciar proceso contra nuestro Libertador general San Martín  por las muertes ocurridas durante las guerras de la Independencia. En riesgo de ser enjuiciados por los ranqueles, los tehuelches y los puelches se encuentran los descendientes de Rosas, Alsina y Roca, por sus campañas en el desierto.

     Aunque el argumento de los derechos humanos permita este absurdo, si ese descendiente  acusado fuera legislador o gobernante en ejercicio del poder, su libertad podría estar garantizada por la teoría de que los actos políticos no son judiciables, ni los presentes ni los pasados. Quiere decir que si usted, por ejemplo, es senador nacional y ha ordenado mientras fue gobernador alguna atrocidad, está exento de responder por ella.

    ¿Cuál es entonces la solución? Muy sencillo, no ser descendiente de nadie. ¿Y cómo puede uno no ser descendiente de nadie? Más sencillo todavía. Su padre lo hará por usted.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           Al nacer, un amigo lo inscribe en el Registro de las Personas como N.N., persona sin padre ni madre, encontrado envuelto en pañales en el atrio de una iglesia.      

 

COMER UN POLLO CADA UNO

COMER UN POLLO CADA UNO

           

            Como desde joven se había dejado tentar por la esencia líquida de las uvas, llegó a creer que las farolas callejeras habían sido instaladas para abrazarse a ellas y no caer, antes que para iluminar. Y como en sus desvaríos de temulento impenitente  tenía a veces ideas extravagantes, un día amaneció con la obsesión de las estadísticas, probablemente a causa de un sueño que se le quedó pegado a los sesos.

            Daba por seguro en su mentalidad que si algo puede expresarse en forma matemática no puede ser mentira ni error, olvidando el juicio medieval  Purus matematicus, purus asinus que lo prevenía contra la opinión de que el mundo además de cantidad es cualidad.

            En adelante se dedicó a buscarle una fórmula matemática a todo cuanto existía. Un ángulo recto es verdadero cuando tiene noventa grados. Dos más dos son cuatro y nunca  tres, como lo demuestra el razonamiento de uno más uno repetido cuatro veces. Cuando un teólogo quiso explicarle que la Santísima Trinidad son tres personas en un mismo Dios, puso el grito en el cielo y resolvió el dogma de fe sumando el número de dioses de cada religión, incluidas las politeístas indias, chinas, egipcias, aztecas, mayas y sacó el promedio. Dios son setenta y cuatro dioses.

            Así descubrió estadísticamente otras varias verdades. Miguel de Cervantes Saavedra murió a los 69 años hace poco más de tres centurias y el poeta francés Rimbaud dejó este mundo en 1871, después de vivir 37. En consecuencia,  Cervantes y Rimbaud vivieron 53

años cada uno. Con igual lógica, no le temía a su propia muerte, pues según la ciencia estadística el promedio de vida de los alcohólicos es setenta y cuatro años, y  él frisaba apenas los treinta y cinco.

            Sólo lo convenció el hambre que le cosquilleaba el estómago, cuando un amigo le negó un pollo para comer, pues como él había comido dos, en consecuencia habían comido  estadísticamente uno cada uno.

           

           

HÉROES SIN FRONTERAS

HÉROES SIN FRONTERAS

     ¿Por qué no?  Así como existen los médicos sin fronteras, los héroes sin frontera también tienen el derecho de existir. Los héroes auténticos provienen de la antigua mitología griega, en la que eran semidioses que realizaban hazañas que el común de los mortales  no podía realizar. Famosísimo fue Heracles (Hércules entre los romanos), que ejecutó  una docena de trabajos excepcionales, desde dar muerte y despellejar a un león con piel dura a prueba de hierro y  bronce, fabricando una afilada navaja con las propias garras del animal, hasta traer del infierno al can Cerbero agarrándolo por el cuello de donde salían tres cabezas cada una de las cuales llevaba una melena de serpientes.

     De entonces en adelante, los pueblos envidiosos se dedicaron a fabricar sus héroes nacionales para no ser menos. Inglaterra inventó a Robin Hood, que asaltaba y robaba a los nobles para repartir el botín entre los pobres. Los Estados Unidos transformaron a San Nicolás en Papá Noel, para hacerlo sajón, y lo instalaron en un trineo en el cual llevaba regalos para los niños, sin que se aclarara cómo hacía para meterlos a todos en espacio tan reducido ni de dónde obtenía el dinero necesario para comprarlos. En la Argentina tenían. a Santos vega, un guitarrista que se atrevió a payar con el Diablo, pero dejaron de usarlo cuando apareció Carlos Gardel, que cada vez canta mejor a pesar de haber muerto y de ser reclamado también como héroe nacional por Uruguay y Francia.  

    El caso es que como los pueblos o comunidades necesitan tener sus héroes locales los inventan aunque no los tengan, y si no hizo ninguna hazaña, se la inventan también.  Nadie protestará por esto. Pueblo conozco donde a falta de héroe, consagraron como tal a un cirujano porque se le habían muerto pocos pacientes en las operaciones. La fama póstuma corrigió la tradición y dijo que ninguno, desoyendo a los deudos  que declararon tener familiares muertos en el quirófano.

    Las actuales tendencias en la materia demuestran que la teoría clásica del heroísmo fundamentada en la muerte de monstruos y enemigos de la sociedad no tiene ya validez, porque la ciencia ha comprobado que los cancerberos y harpías con cabelleras de serpientes se han extinguido y los sucesores de Darwin no dicen en qué otra persona ha evolucionado Hércules.

    En forma inesperada, en una provincia argentina el gobernador ha tenido la idea de agrupar a los pocos inteligentes del lugar en una comisión rentada para producir héroes y exportarlos. Se la conoce bajo la denominación de Héroes sin Fronteras, y según se comenta, funciona productivamente. Intercambia héroes con África, Europa y la China, pero sobre todo con los Estados Unidos. Los extranjeros nos mandan un cantor roquero, seis veces divorciado, minado por las drogas, liberado de la cárcel por falta de pruebas, enronquecido por el abuso de alcohol y arrugado como papel arrojado al  basurero, y nosotros los compensamos con un bailarín de tango, alimentado a pizza y vino tinto, que baila sobre un mostrador de café con frac inglés, sombrero de taita y pañuelo blanco  de seda al cuello.

     A este tráfico se lo reconoce como una forma de la globalización cultural. Los extranjeros cantan en inglés pero a los admiradores latinoamericanos no les importa si no saben lo que dicen, porque en realidad lo importado son los sonidos y ruidos, que son universales. A los nórdicos tampoco les importa si los tangueros bailaban originariamente en el piso de los burdeles, con tal de que hagan acrobacias y zapateen como pisadores de hormigas. Pagan sumas exorbitantes para verlos porque para algo son ricos, y hasta han creado un premio para esos héroes hispanos. Unos y otros viajan en aviones propios, con un enjambre de ayudantes y toneladas de equipos; se hospedan en hoteles de cinco estrellas, y ponen las más estrafalarias condiciones para intercambiarse. Una de ellas exige que se le construya un camarín especial empapelado de brocados marroquíes con aplicaciones de oro, aire aromatizado con perfumes de flores naturales, salida de emergencia secreta y custodia de seis guardias profesionales. Como retribución, esta heroína moderna reclama 500.000 dólares en efectivo, libres de impuestos locales, pagaderos por anticipado contra un recibo por 100.000, para ser presentado a la agencia impositiva de los Estados Unidos. Los empresarios argentinos integrantes de Héroes sin Fronteras, están en gestión para obtener esa cifra entre una  empresa petrolera, otra de alimentos y una tercera de cosméticos. Todo para dar a los argentinos la impresión de que son universales y brindarles la oportunidad de gritar,  patear y saltar.     

    ¿Qué sería mejor, suprimir las fronteras o los héroes?

METAFÍSICA DE LA GASTRONOMÍA

METAFÍSICA DE LA GASTRONOMÍA

 

     Bien consideradas las cosas, hay que reconocer que las amas de casa antiguas han sido superadas en la actualidad por los chefs profesionales de la televisión. Nuestras sacrificadas esposas, con un hijo en su brazo derecho, otro en un andador por los suelos, el teléfono celular colgando del pecho, el timbre del departamento que suena, los ladridos del cachorro que advierte la presencia de un proveedor de leche, la pava que hierve en la hornalla, el grifo que gotea con malhumorada obstinación, la vecina que le pide en préstamo por la ventana una taza de azúcar, los estentóreos bocinazos que vienen de la calle y los gritos de los chicos que juegan a la pelota, apenas si pueden dedicar unos minutos para abrir la lata de atún, verter su contenido en un cuenco, abrir una segunda lata de arvejas y una tercera de pimientos morrones, endurecer el huevo en un jarrito de agua hirviendo, y buscar la botella de aceite de oliva. Un poco más y se convertiría en la reina de la cocina, si no fuera porque todo ese sacrificio culinario se reduce a abrir, destapar, verter, combinar, revolver, cortar, picar y rebanar, o sea , una reina de la gimnástica y no del arte de cocinar,  una reina sin corona.

     Cuando observamos por la pantalla de televisión las maravillas de un cocinero chino, japonés o francés, sentimos pena por los esfuerzos malogrados de nuestra cónyuge, y de paso, por nuestro paladar aburrido y nuestro estómago menospreciado.  No entro a discurrir sobre la insoportabilidad de su arte, pero si ella está a régimen para adelgazar y emplea alimentos macrobióticos, la tolerancia ha tocado su extremo máximo. Al amoroso marido no le queda otro recurso que irse a cenar al bar de la esquina y pedir un café con leche con un sandwich tostado de jamón y queso. Nuestra laboriosa cónyuge queda expuesta al divorcio sin darse cuenta, y todo por causa de su fidelidad al abrelatas.

     ¡Cuán diferente en cambio la posición de cocinero profesional! Y cuánto más si se le ocurre ser chino. Siéntese el lector algún día ante la pantalla de su televisor y preste atención al método de preparación de una exquisitez oriental. Sartenes, sartencitos, jarros, bols, platitos, cuatro hornallas encendidas, una refrigeradora, media docena de cuchillos y cuchillitos, tres repasadores, pinceles, cuerdas y piolines, aceiteras, vinagreras, ralladores, papel absorbente para desengrasar, frascos de sal, pimienta, nuez moscada y sésamo, brotes de soja, lonjas de pollo y cerdo, tocino, huevos duros, hojas y semillas vegetales, cerezas, frascos de harina de varios colores, en suma, un laboratorio científico en vez de una cocina. Total, que al fin de cuentas el plato concluido es un medallón de carne y cuatro cabezas de hongos, rociados con una salsa agridulce, coronados con una ramita de bambú o perejil. Y para que la locura sea completa, té caliente y ¡vino de rosas!       

     Me resisto a seguir con explicaciones culinarias y vuelvo a mi asunto principal. ¿Dónde está la metafísica? Fácil. En la meditación que le provocan las recetas. Los citados ingredientes, combinados en inconcebibles maneras, le sugerirán ineludiblemente algunas reflexiones filosóficas, de las que le anticipo algunas. ¿Comer con palillos de madera porque los cuchillos y tenedores metálicos evocan las espadas asesinas? ¿Reducir a lonjitas las carnes dado que los animales son grasosos y las harinas y pastas no? ¿Servirse en platitos individuales para evitar que la saliva de uno se contagie con la de otro? ¿Cocer al vapor para que el arroz no se empape de agua y se hinche? ¿Revolver los platos arrojando al aire los contenidos sin usar cucharones para no lastimar los ingredientes? En las páginas de Confucio he logrado encontrar algunos atisbos sobre las comidas, aunque nada filosóficos. El hombre sabio “no come granos, pescado o carne echados a perder”, “ni  tampoco aquellas cosas cuyo color u olor no es el correcto”, “ni lo que ha sido cortado fuera de tiempo”, “ni más cantidad de carne que de cereales”,  “ni nada sin su propia salsa”, “no restringe la cantidad de vino pero no le permite embriagarlo”, “no habla cuando tiene comida en la boca”, “ni ingiere carne después de tres días de cocinada.” (Escritos, XII, 6).

     En la ilustrada literatura francesa, no me fue mejor que en la china. Jean-Anthelme Brillat-Savarin (1755-1826), el máximo exponente  en meditaciones trascendentes de  gastronomía , con un paso más habría entrado en el reino de Platón y de Aristóteles. Pero como era un gordo, perezoso, aburrido y comilón, que se dormía inexorablemente después de las francachelas, no pudo hacerlo. Se quedó en una  Fisiología del gusto (1825), que publicó meses antes de su muerte. Aunque bien mirada su biografía, tampoco habría podido escribirla por sus excentricidades vitales. Jurista de profesión, defendió la pena de muerte durante la Revolución Francesa, viajó por Suiza, Holanda y los Estados Unidos, donde fue profesor de francés y violinista para no pasar hambre. Sabía mucho de patatas, arroz, berenjenas, gambas, vegetales y carnes. Nadie cocina hay en día sus platos, pero algunos diccionarios han recogido de su libro algunos pensamientos cuasi filosóficos. Cito únicamente tres: “Un postre sin queso es como una bella dama a la que le falta un ojo”, “El descubrimiento de un nuevo plato hace más por la felicidad de la humanidad que el descubrimiento de una nueva estrella”, y el conocido “Dime qué comes y te diré quien eres.”

     Visto que la gastronomía no ha encontrado aún su filósofo, me siento autorizado

para proponer algunos de los asuntos que deberían resolverse, a saber: ¿los ángeles comen , y en caso afirmativo, qué platos?  ¿es necesario para el hombre comer sentado?

¿es justo beber sin tener sed? ¿si yo tengo hambre y mi prójimo también, me obliga alguna religión a cederle mi bocado?

     Pero me tengo reservado un axioma diferente al de Descartes “Tengo hambre, luego existo.”